Girón y su épica batalla

Santiago de Cuba, 19 de abr. – Girón es una herida en el alma de Cuba que sangra todavía por nuestros muertos amados y los mutilados, pero esa épica batalla es, especialmente, orgullo por los héroes,  por el valor y heroísmo derrochados y la victoria conquistada con alta moral ante la que no pudo la crueldad del enemigo.

Por suerte,  lo que más persiste en el imaginario popular es la lección que la Isla y su pueblo ofreció en esos días gloriosos de abril de 1961, cuando los mercenarios fueron aniquilados antes de las 72 horas, para inscribirse como la histórica primera gran derrota del imperialismo yanqui en América.

Quedó guardado en un sitio sagrado de la memoria colectiva el Girón de nuestro Fidel desde aquel tanque ícono y símbolo de la hidalguía de Cuba, y el de los milicianos con sus fusiles herederos del machete mambí  empuñados para salvar a su tierra y defender la naciente  Revolución, declarada socialista por el Comandante en Jefe el 16 de abril de 1961.

No hay libertad regalada si no tallada ante coyunturas y tiempos de adversidad en esta nación insurrecta, que merece una oda para entonar cual himno de combate y amor cada enero, cada julio y cada abril para reverenciar  la valía de las convicciones, de los ideales, de la lealtad que condujeron a la contundente victoria del 19 de abril en las arenas de Playa Girón.

Con más moral y osadía que armas, con la estirpe de los patriotas de la independencia  latiendo en la piel y el corazón de los protagonistas, la epopeya Girón es un baluarte en la historia de Cuba, un legado de cómo debe actuarse para salvaguardar la soberanía a cualquier precio.

La actuación de la juventud en esos tremendos días de abril de hace 58 años fue grande, meritoria, constituye una herencia viva, tangible, que las nuevas generaciones poseen como fuente de inspiración constante para seguir afianzando el futuro que les pertenece por completo.

Santiago de Cuba, como cualquier rincón de este rebelde archipiélago, tiene el privilegio de contar todavía con las vivencias y el ejemplo de aquellos bisoños combatientes, ahora veteranos que sienten el honor de haber tenido la oportunidad de defender la Patria desde la primera línea.

A uno de ellos, el santiaguero Agustín Castellanos Pacheco, un militante comunista de 87 años, se le ilumina y rostro al evocar su participación en la epopeya  y no oculta su sano orgullo revolucionario al saberse entre los que propinaron la derrota al imperialismo.

Siempre recalca que lo que más le estimuló en Girón fue contemplar  a Fidel, el invicto jefe, al frente con su tanque, dirigiendo con el ejemplo y la  sabiduría militar la acción para obtener la victoria y frustrar los planes de los Estados Unidos, que nunca se conformaron con la gallardía de esta Isla.

Le impresionó también, en otro sentido, ver a los mercenarios huyendo acobardados ante el empuje de las fuerzas cubanas, que más que en armas era en moral y en los ideales sagrados que defendían. 

Castellano Pacheco es un de espíritu insurrecto que lo llevó a ser combatiente del Ejército Rebelde en el II Frente Oriental Frank País, que fundara el entonces Comandante Raúl Castro, el 11 de marzo de 1958, y tuvo el gran honor de integrar la Caravana de la Libertad con Fidel, por lo que vivió intensamente los días de la victoria y la entrada triunfal a La Habana, el 8 de enero de 1959.

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