Hay cosas difíciles de entender

Santiago de Cuba, 7 de feb. – Hay cosas difíciles de entender, la hay y son muchas, están ahí oyendo la conversación y, lo peor, apenas se inmutan aunque las denunciemos; más, si hablamos bien de ellas, se refocilan, así es la cosa, o al menos así la veo. Sales al barrio y quieres desayunar, apenas consigues nada. Recuerdas un pensamiento que se te escapó el otro día: el cliente es víctima no victimario, ni falta que nos hace porque eso de andar buscando culpables no debería ser entretenimiento para un buen santiaguero. Pero hay razones, muchas razones. El domingo debía ser denominado el día de los clientes.

Pero no, no es el día de los vendedores, especialmente los particulares que lo han escogido como el día de la inercia, como si se lo hubieran orientado. Los dueños de los las cafeterías no tienen competencia porque las dos estatales: la de la Raspadura y el sodito cercano al correo están emulando a ver quién oferta menos. Los nuevos dueños se acogieron a la filosofía del descanso. Hoy domingo la cafeteríaestatal sigue su política de oferta cero y los particulares que tienen quioscos cercanos están cerrados. No puedes comprar ni un dichoso cigarro. Y nos basta con que el dinero no alcance,ahora hay que afrontar otra contingencia, cómoinvertirlo para comprar cualquier cosa digna de ser llevada a la boca.

El timbiriche donde supuestamente venden café está cerrado, y tú tienes que trabajar. Caminas y te vas al taller, por el camino piensas, esta opción nadie la puede impedir porque además de que te da  tu realísima gana, cumples con un derecho constitucional A ver quién se atrevea decirte que no pienses; claro que el pensamiento tiene sus meandros, sus viceversas, sus lados inciertos, inconclusos, ineficaces, inocuos incluso inicuos y otros. Nadie, nada,nunca, te impedirán pensar y prefieres hacerlo por cuenta propia antes de escribir, que es asunto de otro nivel de responsabilidad.

Te resistes a valorar situaciones que sobrepasan tu capacidad. Rehúyes la opción de analizar el barrio, es un universo tan grande, una sociedad en miniatura y no te sientes capaz, solo puedes intentar aproximaciones, algunas riesgosas con independencia de la buena fe. Deja esa tarea a los científicos. Pero hay realidades evidentes, a veces incómodas y entonces la pregunta es: si tú que eres un simple individuo que teclea palabras te das cuenta, cómo los especialistas y los jefes no acaban de reparar en situaciones tan visibles que hasta los niños del barrio las ven, salvo cuando corren tras una pelota o empinan un cometa casero de primera generación, es decir de los años anteriores a la conquista de América.

En aquella época no habíatrasnacionales, ni supermercados, ni internet, ni los golpes de estado actuales, ni neoliberalismo, ni Fondo Monetario Internacional, ni drogas sofisticadas, ni teléfonos celulares, ni Comunicación Social, que algunos consideran una ciencia, con toda razón, y otros, con la misma razón, se burlan de los malabarismos teóricos de los partidarios de complicarla con razonamientos inextricables. No había nada de eso y éramos más pobres en haceres, más inermes ante la burocracia del destino, másinofensivos, menos eficaces en decires, en fin, para no cansarlos, éramos más felices, fíjense que por no haber no había ni periódicos de papel ni fakenews, ni páginas digitales.  En esto último creo que se me fue la mano.

Hay cosas evidentes ante las cuales nos hacemos los suecos, con perdón de los nacidos en Suecia o de quienesadoptaron esa nacionalidad, de modo que ahoratenemos suecos bien negros, pero este no es el asunto del presente comentario. Simplemente pido permiso para hacer mi análisis parcial de un problema cuya totalidad requeriría muchosintentos, espacios y saberes. No pretendo levantar ronchas, pero no es pertinente preocuparse: a pesar de lo que dice el señor Trump y sus trumpitos, Cuba es una potencia médica, y las ronchas se curan.

Con el de evitar alarmas anticipadas aclaro. Hay cosas difíciles de entender aunque son cotidianas. Podríamos hacer un poema para aprovechar la capacidad de síntesis del discurso poético, Pero no: respetamos demasiado a la poesía y a los poetas para intentarlo. Hay cosa que merecen que la digamos porque somos los responsables de su existencia, son tantas que prefiero aislarlas e irlas proponiendo en próximos trabajos. La única ventaja es que quienes no estén de acuerdo con nuestros criterios solo pueden responder si consultan esta página.

Para los críticos, que tanto ayudan a mejorar lo que somos, declaro que la complicidad es asunto de  gente buena, que en Santiago de Cuba sobran, por eso continuaremos diciendo   y en este 2020 asumimos la tarea no como una posibilidad  sino como una obligación, porque creemos que cualquier santiaguero con independencia de lo que haga , de su filiaciónideológica, de su sexo, de su edad, de sus pareceres , tiene delante un principio que cumplir:  no tenemos otra opción viable que hacer cosas para continuar siendo lo que somos, lo que nos hace, no diré mejores, pero si singulares y si alguien lo duda ahíestá la historia,  y la historia no miente.

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