Heras León: narrador y maestro

Santiago de Cuba, 6 de may. – Lo conocí por Lino Verdecía, maestro de mi generación, quien nos enseñó a  comprender  y a legitimar la llamada narrativa de la violencia, de la cual Eduardo Heras León es uno de sus representantes esenciales, tanto por el valor de sus cuentos como por los cuestionamientos de que fueron objeto en los años 70 y 80 del siglo pasado, por razones que, paradójicamente, son sus valores  como, por ejemplo,  la desmitificación del héroe.

La edición  28 de la Feria Internacional del Libro, que culminó  en Santiago de Cuba, estuvo dedicada a homenajearle; Premio Nacional de Literatura, de  2014 y de Edición,  de 2001. Como parte del agasajo se reeditaron tres de sus colecciones de cuentos: “La guerra tuvo seis nombres”, “Los pasos en la hierba” y “Cuentos completos” y se editaron dos textos inéditos: “El libro de los elogios” y  “El libro de las presentaciones”.

Heras confesó a Madeleine Sautiè que la designación como autor homenajeado de la feria del 2018, lo sorprendió, lo dijo con su acostumbrada modestia porque sus lectores sabemos que hace rato merecía ese honor. “Espero que mi corazón resista tanta felicidad”,  afirmó este hombre de la generación de la lealtad, de la fidelidad a la literatura, a su país y a la Revolución.

El destacado narrador fijó el orden de prioridades de su vida: primero,  maestro. No olvidar que Heras fundó hace 20 años el  Centro Onelio Jorge Cardoso, espacio donde se han formado varios escritores cubanos y , en octubre del año 2000, impartió los seminarios de literatura en el Canal  Educativo de la televisión cubana: Después de maestro, escritor y luego periodista: esas son sus  prioridades deseadas y cumplidas.

Como señalamos desde el inicio Heras León es uno de los cultivadores de la narrativa de la violencia, la cual – como afirma Yeilèn Delgado – constituye una reflexión épica que incluye el estado vulnerable del ser humano, el miedo y la incertidumbre, en tal grado, que el amor y la aversión pueden convivir en una misma persona.

Para suerte de la literatura cubana, cuando tras publicar sus primeros libros Eduardo Heras León, fue soslayado, resistió y los lectores agradecemos esa resistencia que demuestra una vez más que en la literatura las incomprensiones de siempre terminan por estimular la creación verdaderamente revolucionaria. Y si es cierto que cada época tiene su lenguaje, también lo es que cada época tiene sus prejuicios.

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