Adys y Froilán: El honor de investigar sobre el Che

Que fue la CIA que mandó la orden desde Washington de asesinar al Che; que lo ultimaron el 9 de Octubre en la Escuelita de la Higuera y que su cadáver estaba enterrado en Vallegrande, fueron argumentos que dejaron claros los investigadores cubanos Adys Cupull Reyes y Froilán González García en uno de sus libros que aún recorre el mundo La CIA contra el Che, Premio de la Crítica por la Academia de Ciencias de Cuba y el Instituto del Libro.

Ellos, que tuvieron la vida en peligro, fueron los primeros en reeditar la ruta histórica de Ernesto Guevara y sus compañeros, desde la zona selvática del Ñacahuasú hasta el árido y triste territorio del pequeño caserío de La Higuera, escudriñando vivencias que validan científicamente esta obra.

Aprovecho esta efeméride, para publicar fragmentos de una interesante entrevista realizada a los excelsos escritores, en la que revelan hechos inéditos ocurridos en los años que duró la investigación.

Agustina: Cuando leemos la obra La CIA contra el Che nos parece que recorremos el camino desandado por ustedes por las montañas del Ñacahuasú para realizar esta investigación. ¿Cómo lograron hacer la trayectoria del Che y su Guerrilla. Acaso estaban entrenados para ello?

Adys: Sí, el mejor entrenamiento lo pasamos aquí en la Sierra Maestra, con los campesinos, ellos también nos enseñaron, aunque soy del campo, por mi ascendencia y nacimiento. La Sierra Maestra, nos ayudó a no temerle a las alturas de los Andes, ni de Centroamérica que son imponentes. Hemos realizado casi todas las investigaciones en el terreno de los hechos, caminando.

Otro aspecto fue el no conocer, y el querer saber, ¿cómo fue, qué pasó, cuándo sucedió? Son preguntas de los periodistas, y también de los maestros, que como niños pasamos por los lugares desconocidos, asombrándonos cuando nos dicen que por allí estuvo el Che y su Guerrilla. Y los cubanos en general sentimos una emoción muy grande si nos hablan de nuestros héroes en tierras extrañas. Siempre queremos saber más.

Adys Cupull Reyes y Froilán González García

El otro aspecto es la participación y colaboración de otras personas, que se unen a tu asombro, no son historiadores, ni maestros, pero quieren saber, quieren conocer. Y se va creando un núcleo investigador de apoyo, o de interés. La investigación en su inicio, te pide verificación, evidencias de la versión oral, del testimonio. No hay otra alternativa que requerir el auxilio de los archivos en bibliotecas, hemerotecas, archivos privados. Y el Archivo Nacional. Así en fuentes escritas Froilán y yo hemos conformado y constatado la Verdad.

La trayectoria del Che, la hicimos con el auxilio de los bolivianos. Si no es con ellos, no se puede hacer la investigación. En los libros “La Cía contra el Che” “De Ñacahuasú a La Higuera” “Revelaciones,” y otros aparecen las entrevistas de los familiares de los guerrilleros, militares, periodistas, enfermeras del hospital, maestras de las diferentes zonas. Ellos, tenían tanto interés como nosotros en conocer, ¿qué había pasado? Siempre tuvimos la colaboración de los bolivianos, un guía o una comitiva que nos acompañaban a los sitios más intrincados. El guía conocía el idioma guaraní y nos traducía.

Agustina: Para mí nada se compara con su libro La CIA contra el Che porque hacen innumerables revelaciones. ¿Qué significa saber hoy que por ustedes se conoce la verdad del asesinato de este inmenso héroe, y que fue en Vallegrande donde lo inhumaron?

Froilán: Significa que hemos cumplido con el deber. “La Cía. contra el Che” publicado en 1992, recibió el Premio de la Crítica por la Academia de Ciencias de Cuba y el Instituto del Libro.

Comprende una investigación, minuciosa, fundamentada en la Verdad histórica. Hoy recorre el mundo junto al Guerrillero Heroico, al ser publicada en francés, neerlandés, italiano, en inglés, turco, griego. En español además de Cuba se publicó en Venezuela y Bolivia. Y de manera pirata, en Colombia, México y España.

Investigadores y especialistas estudiosos de la política injerencista de los Estados Unidos consideran que es una de las obras que debe ser leída por los que quieren conocer la verdad de lo acontecido en el asesinato y entierro del Comandante Ernesto Che Guevara, el final de cada uno de sus compañeros y la forma en que se tomó la decisión de asesinarlo, entre el gobierno injerencista de Estados Unidos, y miembros del Alto Mando Militar al servicio de la CIA.

La investigación demuestra que el Che no fue incinerado, ni sus cenizas tiradas en los Andes por los militares. Se explica quiénes y cómo y por qué les cortaron las manos. Y se da a conocer la proximidad del lugar donde cavaron la fosa para ser enterrado con seis de sus compañeros.

En la década de 1980 nosotros entrevistamos a más de 300 personas bolivianas. Entre los civiles: campesinos, periodistas, maestros, familiares, ex guerrilleros, religiosos. Y también militares que estuvieron vinculados a estos acontecimientos.

Entre los entrevistados, cinco de las personas con quienes hablamos sabían el lugar donde estaba enterrado el Che y sus compañeros: el general Mario Vargas Salinas, a quien lo entrevistamos en 1984 y en 1987, lo ratificó en un libro; Isaac Meneses, telegrafista del dictador Barrientos,; Bonifacio Bonilla, Juez Agrario; una pareja de amantes clandestinos quienes en la noche en que echaron los cadáveres en la fosa, se encontraban en un pahuiche, (choza) cercano a la pista del aeropuerto; y Carlos Cortez, el chofer que manejó la volqueta para trasladar los cadáveres del Che y sus compañeros en la noche del 11 de octubre de 1967.

Cuando fuimos al lugar tomamos fotos, y después se hizo un bosquejo del sitio. Los compañeros que en La Habana dirigían esa parte de nuestro trabajo, elaboraron un proyecto para cercar el lugar con muros y unos sacerdotes amigos, comprometidos debían construir un local con fines humanitarios o religioso para proteger las proximidades y proceder en un plazo prudente a excavar para rescatar los cadáveres y trasladarlos a Cuba.

Este proyecto tenía que ser aprobado por el Comandante en Jefe quien no lo aprobó, alegando que nunca nadie podría acusar a la Revolución Cubana de estarse robando cadáveres o hacer algo ilegal.

Luego se hicieron gestiones con el presidente boliviano Dr. Hernán Siles Suazo y con el vicepresidente Jaime Paz Zamora, ambos conocían de nuestras investigaciones. Jaime Paz mostraba especial sensibilidad porque el también había sufrido la pérdida de su hermano Néstor, asesinado en la Guerrilla de Teoponte, hecho que lo unía al interés de búsqueda de los restos del Che. Pero las intenciones se frustraron.

Coincide que los militares hicieron declaraciones en las cuales ratificaban la versión oficial de que el cadáver del Che había sido incinerado y sus cenizas lanzadas a la selva.

Las condiciones para que se rescataran los restos de los guerrilleros se dieron paulatinamente. En 1989 Jaime Paz Zamora fue elegido Presidente de Bolivia, y al concluir su mandato en 1993, invitó a Fidel al traspaso de Gobierno al recién electo Gonzalo Sánchez de Lozada.

La presencia de Fidel en Bolivia tuvo una amplia repercusión, resultaron impresionantes las muestras de cariño y respeto del pueblo boliviano. El impacto fue mutuo, Fidel dijo profundas palabras de elogios al pueblo, debe haber conmovido a la dirección del Gobierno y al Ejército y no dudamos que influyó en la toma de conciencia de lo que era justo y humano hacer con los restos de los guerrilleros, y fue el nuevo Gobierno quien autorizó las excavaciones, que comenzaron en 1995 hasta junio de 1997 cuando fueron encontrados los restos del Che y sus seis compañeros.

El crimen cometido en La Higuera, es parte inseparable de la Historia de América es necesario recordar que, desde entonces, los servicios especiales de Estados Unidos desarrollaron una intensa campaña de desinformación y desprestigio contra la personalidad del Guerrillero Heroico, dirigida a falsear la realidad histórica.

Para el Libro La CIA contra el Che, fue significativo las informaciones propiciadas por Ricardo Aneyba Torrico quien fuera Jefe de Inteligencia de Barrientos y Jefe del Departamento Técnico de la CIA. El nos entregó tres gavetas de documentos que contenían la Nómina de agentes de la CIA que estaban infiltrados en partidos políticos, sindicatos, instituciones, periodistas; también lista de personas vigiladas, planes de control y seguimientos, copia de cartas, informes, resúmenes de las conversaciones telefónicas, cintas grabadas, contratos de alquileres, placas o chapas de automóviles, fotos de las casas de seguridad que utilizaban para interrogatorios y contactos de la CIA.

Agustina: Cuando uno se acerca a la creciente trayectoria de Adys y Froilán siente la pasión que ustedes tienen por la Historia, por lo nuevo. Pero me gustaría conocer qué significado tiene haber penetrado tan profundamente en la vida del Che e incluso en sus compañeros de la Guerrilla?.

Adys: Precisamente la investigación que más me hizo sufrir fue la relacionada con la Guerrilla del Che en Bolivia. Para mí es muy triste. Lloré por algún tiempo, no podía hablar de ellos. Pero teníamos un compromiso de fidelidad para dar a conocer la vida de cada uno de los miembros, desconocidos algunos, incluida Haydeé Tamara Bunke Bíder. Y la razón de su lucha. A nosotros nos interesaba la parte humana que no está tratada en los libros tradicionales de Historia.

Agustina: En entrevistas y conversaciones con tu madre Paula Cupull Reyes (Maita) queda en el aire las vicisitudes que pasó usted y su esposo Froilán González cuando decidieron emprender la investigación sobre el asesinato del Che en Bolivia, e incluso en ustedes siento que ante algunas preguntas realizan esfuerzos porque no haya lágrimas, en la voz hay dolor o algún silencio. ¿Acaso no es tiempo para revelar algo más de lo ocurrido en ese momento de sus vidas que solo ustedes y tal vez un reducido grupo de personas conocen?.

Adys: En toda investigación se corren riesgos, y si es sobre un crimen, hasta la propia vida se expone al peligro. Investigar un tema histórico en un país bajo la injerencia y dominio de Estados Unidos, es un riesgo mayor. El tema sobre la Guerrilla del Che en Bolivia, se indagó con la colaboración de los bolivianos. Comenzamos en 1983, después de la apertura de las Relaciones entre los dos países, Froilán fue nombrado Cónsul de Cuba en Bolivia, yo, como Responsable de la Oficina de Prensa y Cultura.

Pero; ¿qué cubano, o latinoamericano, europeo, va a llegar a Bolivia, y no preguntar cómo se va a la Higuera y Valle Grande? ¿Cómo fue la muerte del Che? ¿Donde fue el último combate? Y más cuando se es sensible, como periodista, maestro, escritor, o médico. No es extraño que comenzáramos a indagar, y quisimos ver la selva, llegar a Ñacahuasú, zona del Oriente boliviano cuya población es de origen guaraní, ellos conservan la vivencia del paso de los guerrilleros por su hogar o su hacienda, lo que hicieron, lo que conversaron.

En el río Ñacahuasú con el Señor Mario Chávez 1984

El guía, Mario Chávez, una personalidad que aparece en el “Diario del Che” como el Explorador o Lagunillero. Era el traductor de guaraní. Él nos alertó que dijéramos el nombre de otro país, “no digan que son cubanos, porque ellos no van a hablar.” Ante los nativos él nos presentaba como periodistas de cualquier país, porque en los primeros años de la década 1980, todavía en los pueblos de Suramérica no se podía hablar de la Guerrilla, ni del Che. Aún se temía al Plan Cóndor.

En la escuelita de La Higuera ocurrió igual: Los niños nos esperaron cantando un corrido mexicano. Hablamos con la maestra Elida Hidalgo Arteaga, hija de Ninfa y Humberto, el telegrafista de La Higuera. Ellos son unos de los últimos bolivianos civiles de La Higuera que vieron al Che vivo.

Foto de los entrevistados. 1984 Escuelita de La Higuera, tal como era cuando la visitaron Adys y Froilán.
Años después la escuelita fue transformada en museo. Aquel día estaba cerrada, ellos dijeron que no se abría desde 1967. La abrieron para que entráramos, y se alejaron, tampoco entró la comitiva, pero accedieron a darnos una piedra que estaba en el aula donde asesinaron al Che. Era lo único que había adentro. Lo que sentimos al entrar, es indescriptible. Todo el recorrido aparece en el libro DE ÑACAHUASÚ A LA HIGUERA.

En La Higuera, Froilán González y Adys Cupull con la maestra Élida Hidalgo y otras personalidades
de Pucará. Al fondo la escuela nueva.1984.

En 1986 nuestra casa en la ciudad de La Paz, fue allanada por la CIA a través de paramilitares Entraron armados y se llevaron objetos de valor. Rompieron paredes y puertas de armarios, falsos techos. Tiraron al piso un cuadrito del Che. Fue un vergonzoso momento. Saquearon la casa. Casi una hora estuvimos detenidos en nuestra propia casa, vigilados con armas largas. Sin poder ir al baño. Ellos tenían una vagoneta dentro de la casa y las puertas cerradas. Así son los peligros que se corren en países donde ordena y manda la CIA. Sin embargo un joven aimara fue el que alertó a la Embajada Cubana sobre lo que estaba sucediendo en la vivienda.

Este fue uno, de los sucesos indignos que ejecutó la CIA contra nosotros, que menciona Maíta en algunas de sus conversaciones con personas allegadas a la familia porque el hecho la marcó para siempre, fue grande el impacto que tuvo al saber de este hecho porque comprendió que corríamos mucho peligro.

El hecho fue publicado en la prensa de Bolivia. Guardo los periódicos. La noticia salió en Miami, antes de suceder en Bolivia. La forma en que fuimos salvados del final, está narrado en un libro en edición, que saldrá publicado en su momento.

En el documental “Operación Gaveta”, -de los escritores Adys y Froilán- el boliviano, Ricardo Aneyba, al referirse a la CIA señaló: “Ellos y la gusanera cubana mandaban en Bolivia.”

En cada intercambio con los escritores Adys Cupull Reyes y Froilán González García se revela algo nuevo. La investigación que ellos desplegaron en Bolivia no fue fácil y casi les causa la muerte. Pero el resultado de peligros y vicisitudes están hoy en el conocimiento de la verdad sobre el asesinato que inmortalizó a un gran hombre de alcance universal: Ernesto Guevara de la Serna, nuestro Che, quien está vivo en el corazón de millones, a 53 años de su desaparición física.

Deja una respuesta