Artífice de la alborada de enero y de siempre

El secreto de lo que algunos han calificado como el milagro del sistema socialista cubano está en la unidad, la madre de la resistencia, y la confianza mutua que invariablemente ha existido entre pueblo, Fidel, Raúl, los principales dirigentes de la Revolución, que hoy sintetiza Miguel Díaz-Canel Bermúdez, el Presidente de la República.

 Esa ha sido y es el escudo, la espada, la única fórmula que el enemigo no ha podido descifrar, porque desconoce la fortaleza de un pueblo cohesionado, en defensa de una bandera y un ideal.

 El principal artífice de ese valioso patrimonio que atesora Cuba es Fidel quien,pese a los obstáculos de todo tipo, condujo la Revolución a la alborada gloriosa del primero de enero de 1959 y a la fecunda obra edificada en estos años de sui géneris proceso,hasta su desaparición física en 2016, a partir de lo cual sigue alertando y alentando con su imperecedero ejemplo.

  Con el honor como coraza y estandarte se ha marchado, bajo su liderazgo primero y ahora con su legado, unidos como la plata en las raíces de Los Andes, cumpliendo el mandato que significa andar en tiempos convulsos con la cabeza erguida, sin retroceder ni ceder ni vulnerar un solo principio ante amenazas y peligros.

 Cuando Fidel dio a conocer oficialmente la aspiración de crear el Partido Unido de la Revolución Socialista, enfrentando esa situación con valentía, sin divisiones, tras criticar y rectificar errores y tendencias; se salvó la unidad de la Revolución y la pureza dela formación del partido marxista-leninista.

  Con ese antecedente como baluarte nació el Partido Comunista de Cuba, el mejor fruto y la más elevada conquista de la Revolución, garantía de la resistencia y continuidad histórica porque es carne y sangre del pueblo trabajador, con el cual comparte afanes y victorias.

Su principal inspirador y guía no pudo ser otro que el hombre de los días de rebeldía universitaria, del Moncada y La Historia me absolverá; de la prisión fecunda y los días de México, del yate Granma, Cinco Palmas y la Sierra maestra; de la Crisis de Octubre, y los momentos gloriosos de Playa Girón y de Angola.

  Es ese hijo al que Cuba le debe, sobre todo, la fecunda obra levantada tras el luminoso Primero de Enero, que cada paso que dio se arraigó más en el pueblo al que sirvió hasta su último aliento, y sigue inspirando con su indeleble magisterio como el mejor discípulo de José Martí.

Escrito por Aida Quintero Drip

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