Calixto García: el patriota mambí que con los rebeldes entró a Santiago de Cuba

Cuando se alude a Calixto García Iñiguez, “el hombre de la estrella en la frente”, como le caracterizó José Martí, vemos a este holguinero muy vinculado a Santiago de Cuba, sobretodo porque fue a esta ciudad a la que Estados Unidos no le dejó entrar luego de 30 años de lucha por la Independencia de la Mayor de las Antillas.

Participante en las tres Guerras -la de los 10 años, la Guerra Chiquita y la Guerra Necesaria- este mambí demostró que por encima de todo, estaba para él conquistar la independencia de su país, y a ese objetivo se consagró, tanto, que fue nombrado el León de Holguín.

A este hombre el destino le protegió cuando decidió quitarse la vida antes que caer prisionero de los españoles. La bala respetó la presencia física del hombre para que continuara haciendo su hazaña militar y también para que viviera los días más conmovedores y tristes de su existencia, pues no pudo disfrutar el éxito de tantos años de entrega por una Cuba libre.

Este 11 de diciembre, también le cabe a los santiagueros rendirle un homenaje especial a quien en la última de las guerras del siglo XIX fue nombrado como jefe del Departamento Oriental y tras la muerte de Martí en 1895 y de Antonio Maceo en 1896, llegó a ser Lugarteniente General del Ejército Libertador de Cuba.

Un episodio ocurrido en la vida de las madres de los Maceo y de Calixto García, también une a Santiago de Cuba y a Holguín, pues la actitud de dos mujeres extraordinarias y amantes de la familia pero con comprometida incondicionalidad para con la Patria ultrajada por aquel entonces, reafirma el por qué hoy en la segunda capital cubana se rinde honores a este mambí.

Si bien la santiaguera Mariana Grajales, la madre de Los Maceo, sufrió con cada muerte de sus hijos, ella fue capaz de mostrar su entrega absoluta a Cuba, cuando al conocer que Antonio había recibido su primera herida en combate en 1869 le dijo a Marcos, al más pequeño: » Y tú, empínate, que ya es hora de que pelees por tu patria como tus hermanos».

Por su parte la holguinera Lucía Iñiguez, madre de Calixto García mostró su hidalguía de cubana en 1874, cuando el Mayor General fue sorprendido por una columna enemiga. Las autoridades españolas, que la mantenían bajo estrecha vigilancia, le informaron que su hijo estaba prisionero y dijo al recibir la noticia “¡Ese no es mi hijo!”, y luego al conocer que antes de ser apresado había intentado suicidarse, entonces respondió: ¡Ah… ese sí es mi hijo!.

Nadie dudó de la integridad de este cubano, que por su disciplina y ética militar, prestó su cooperación al Ejército americano, el cual haciendo valer la política de la Fruta Madura, intervino en la Guerra Hispano-Cubana, y García Iñiguez puso sus conocimientos en función de una estrategia efectiva para derrotar definitivamente a las aniquiladas tropas Españolas.

Calixto García vivió lo suficiente para sentir la humillación del gobierno de los Estados Unidos. En el protocolo para la firma de la Paz en la urbe de Santiago de Cuba, España reconoció su derrota. El Ejército norteamericano entró triunfal a la ciudad de Santiago de Cuba, pero nunca se les permitió a las tropas de Calixto García el privilegio de formar parte de este momento histórico, tal y como lo expresó en carta al Mayor General William Rufus Shafter, del 17 de julio de 1898 donde expresaba:

«Circula el rumor que, por lo absurdo, no es digno de crédito, general, de que la orden de impedir a mi Ejército la entrada en Santiago de Cuba ha obedecido al temor de venganza y represalias contra los españoles.

“Permítame Ud. que proteste contra la más ligera sombra de semejante pensamiento, porque no somos un pueblo salvaje que desconoce los principios de la guerra civilizada; formamos un ejército pobre y harapiento, tan pobre y harapiento como lo fue el ejército de vuestros antepasados en su guerra noble por la independencia de los Estados Unidos de América; pero, a semejanza de los héroes de Saratoga y de Yorktown, respetamos demasiado nuestra causa para mancharla con la barbarie y la cobardía.

«En vista de todas las razones aducidas por mí anteriormente, siento profundamente no poder cumplir por más tiempo las órdenes de mi Gobierno, habiendo hecho, hoy, ante el General en Jefe del Ejército cubano, Mayor General Máximo Gómez, la formal renuncia de mi cargo como General en jefe de esta sección de nuestro Ejército.

Doloroso este episodio para quien sobrevivió las 3 Guerras por la Independencia de Cuba en el siglo XIX, para quien fue respetado por las armas españolas y hasta por la disparada por él mismo anhelando la muerte. Pero Estados Unidos mostró desde aquel entonces, sus verdaderas intensiones, la de anexarse a este pequeño Archipiélago en el afán expansionista del naciente Imperio.

Con la decepción de no haber visto ondear libre e independiente la Bandera Cubana, ni de lograr el digno licenciamiento del Ejército Libertador Cubano entre otros asuntos de interés para Cuba que le llevó a los Estados Unidos, en ese mismo país del Norte debido a una pulmonía encontró la muerte a los 59 años de edad, Calixto García Iñiguez. Ese día era el 11 de diciembre de 1898.

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