Carlos Manuel de Céspedes, líder antianexionista.

Santiago de Cuba, 9 de sept.- En la primera decena de abril de 1869 se dieron cita en el pueblo de Guáimaro, Carlos Manuel de Céspedes y otros cubanos. Céspedes demostró en ella su anti anexionismo.   Fue entonces que la Cámara recibió una petición suscrita por un gran número de ciudadanos camagüeyanos   en que se suplica a la Cámara manifieste a la Gran República los vivos deseos que animan a nuestro pueblo de ver colocada a este país entre los Estados de la federación Norte Americana.  

La responsabilidad histórica de ese acuerdo de la Cámara de Representantes en Guáimaro, recae en cuantos la aprobaron, entre ellos yo mismo, Carlos Manuel de  Céspedes. Las circunstancias de la guerra cuando España la desató a muerte,  autorizaba a recurrir a cualquier medio, de procurarse recursos para continuar la lucha, y uno de ellos era conseguir la ayuda estadounidense a cual precio.

Céspedes manifestó claramente  que los Estados Unidos   a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España, siquiera sea para constituirse en poder independiente; éste es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces o desinteresados. Por eso, alentó a los libertadores cubanos a valerse de sus propios recursos, al par que incitaba por todos los medios y en todos los tonos a los emigrados auto titulados revolucionarios para que costearan y enviaran armas a Cuba libre o acudieran con sus brazos o sus talentos en ayuda de los que aquí libraban lucha desesperada por derrocar al Gobierno colonial.

Finalmente, retiró la representación diplomática de Cuba en Estados Unidos, a cargo entonces del licenciado Ramón Céspedes Barreiro. En carta dirigida al mismo el 30 de noviembre de 1872, le comunicó dicha resolución y le explicó su fundamento en los siguientes términos:

No es posible que por más tiempo soportemos el desprecio con que nos trata el gobierno de los Estados Unidos, desprecio que va en aumento  mientras más sufridos nos mostramos nosotros. Bastante tiempo hemos hecho el papel del pordiosero a quien se le niega repetidamente la limosna y en cuyos hocicos por último se cierra con insolencia la puerta. El caso de la expedición del Pioneer ha venido a llenar la medida de nuestra paciencia: no por débiles y desgraciados debemos dejar de tener dignidad.

Por: Armando A. Céspedes C. (Condensado de ECURED.)

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