Constitución de Jimaguayú: continuidad y vigencia luego de 125 años

Mantener vivo el legado de quienes han sabido glorificar a la Patria es una tradición en Cuba que marca  continuidad.  Ejemplo  lo  podemos apreciar  cuando aludimos a un hecho significativo de la historia como lo es la firma de la Constitución de Jimaguayú, aquel 16 de septiembre de 1895, meses después de haber comenzado la Guerra Necesaria organizada por  José Martí.

Precisamente fue   Jimaguayú  el sitio destinado por el Generalísimo Máximo Gómez para realizar  esta reunión que definía  los pasos a seguir en la República de Cuba en Armas. En este mismo lugar  había caído en combate el 11 de mayo de 1873  el Mayor General del Ejército Libertador Ignacio Agramonte, por lo que de esta forma, se le rendía honores  al hombre que redactó la Constitución  de Guáimaro, refrendada  el 10 de abril de 1869, la primera aprobada  en el país luego de iniciada  la guerra por la Independencia..

Cuando hay hombres con decoro, no importa la época histórica para hacer acciones que trascienden  en el tiempo  y nos hacen meditar no solo en el acontecimiento, sino en la profundidad ideológica de quienes encontraron   la forma de dar continuidad  al ejemplo de quienes por encima de todo,   pusieron en primer lugar a la Patria.

Ese mensaje  lo tenemos arraigado  de anteriores generaciones  y    la  firma de la Constitución de Jimaguayú que  ratifica nuestro apego a la Legalidad,    es una de las tantas lecciones.

Superior fue  esta nueva Carta Magna que al tener en cuenta el concepto de Unidad,  dejó   establecido  un gobierno centralizado al unir los poderes legislativo y ejecutivo; pero además,  tomando como referencia  la  Constitución refrendada en Guáimaro, la nueva dejó relativamente libre al aparato militar con el fin de eliminar las fatales discrepancias que dieron al traste con los objetivos de la Guerra de los  Diez años iniciada por Carlos Manuel de Céspedes.

A partir del 16 de septiembre de 1895,  el Gobierno de la República de Cuba en Armas quedó integrado  por Salvador  Cisneros Betancourt como Presidente, y Bartolomé Masó como vicepresidente.  En la dirección estaban además, Tomás Estrada Palma, quien a la muerte de José Martí asumió la dirección del Partido Revolucionario Cubano,  y  nombrado ministro para asuntos de política exterior. El  puesto de General en Jefe del Ejército Libertador   le correspondió a Máximo Gómez Báez   y  el de Lugar­teniente  fue para  Antonio Maceo  Grajales.      

 Para suépoca, debemos reconocer la madurez adquirida por quienes estaban en el campo de batalla para independizar al país del colonialismo español.  Ellos con una idea conciliadora para desterrar la desunión, se empeñaron en hacer lo mejor posible su misión histórica.  No solo la proclamación a la igualdad entre los hombres  escrita  por Agramonte  en Guáimaro,  sino que el sueño de José Martí, quien trabajó por declarar una República Con todos y para el bien de todos,  tuvieron  plena vigencia inspiradora en   este documento.

Con 24  artículos,  esta Ley fundamental de la República de Cuba en Armas,  cuyo   preámbulo  escribiera Enrique Loynaz del Castillo y que  tuvo como escenario  el campo de batalla mambí, también mostró la madurez de los constituyentes al aprobarle una duración por dos años. Por ese motivo al  no materializarse la independencia de Cuba,  se proclama  la Constitución de la Yaya,  la última Ley de Leyes mambisas  con muy poca duración, debido a la intervención de los Estados Unidos en la guerra  cubano-española, para escamotearle la victoria al Ejército Libertador.

La Constitución de Jimaguayú    No fue perfecta, según el criterio de algunos especialistas en materia jurídica, pero marcó un paso de avance en la continuidad de las luchas por la Independencia de Cuba.

Ese documento se distingue hasta hoy  porque marcó  el reconocimiento a las generaciones que estuvieron presentes en las  tres Guerras del siglo XIX  al tener en cuenta las experiencias de lo acontecido  con sus antecesoras, las Constituciones de Guáimaro y la de  Baraguá y por reunir los valores de quienes marcaron un camino y un ideal en pos de la libertad.

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