Fidel y Martí, para un buen discípulo el mejor maestro

Cuando Fidel hablaba al pueblo, tal parecía que tenía a Martí a su lado, guiando sus ideas y argumentos, señalándole el camino, porque másque evocaciónque estremecía el alma de los cubanos era la continuidad de un mismo pensamiento,como si el buen discípulosiguiera al pie de la letra las enseñanzas de su mejor maestro.

Puede que haya otras coincidencias en la historia de Cuba, pero entreestos dos extraordinarios hijos de la nación es casi imposible no encontrar un nexo, el hilo conductor que evidencia cómo la prédica martiana ejerció una gran influencia en la formación moral, humana y revolucionaria del líder histórico de la Revolución en la Mayor de las Antillas.

Si bien para José Martí, devenido Héroe Nacional:“La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decirla servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político”, para Fidel Castro fue también un concepto vital, trascendente, que llevó con notables resultados a la práctica.

El eterno líder la valoraba así: “Uno de los factores que dio a nuestro proceso revolucionario más extraordinaria fuerza, fue la unión. Y, por eso, como en 1895, estamos hoy unidos en un partido revolucionario, porque sabemos que la lucha no ha concluido ni muchos menos, y que tenemos una larga tarea por delante”.

“La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se le sirve, pero no se la toma para servirse de ella”, decía el Apóstol, mientras Fidel acentuaba: “La patria, hermanos y hermanas, es tarea de todos los que están dispuestos a sacrificarse por ella”.

En una actitud tan generosa y noble que los cubanos le han hecho un monumento como la solidaridad, igualmente estos dos excepcionales revolucionarios tenían comunidad de intereses y criterios similares, independientemente de las épocas distantes en que vivieron y actuaron.

“Buscamos la solidaridad no como un fin sino como un medio encaminado a lograr que nuestra América cumpla su misión universal”, subrayaba el Héroe de Dos Ríos en los tiempos convulsos y desafiantes en que le tocó vivir y luchar.

Fidel acentuaba sencillamente: “(…) el sentimiento del deber de solidaridad internacional se fue arraigando desde el principio y ha llegado a ser una de las cuestiones esenciales, uno de los elementos esenciales de la educación y la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo”.

“Qué bien conocemos nosotros a los yanquis! Si nosotros hubiéramos cedido una sola vez a las exigencias imperialistas, la Revolución Cubana no existiría. Lo que ha frenado a los imperialistas es el heroísmo de nuestro pueblo (…)”, señalaba el Comandante en Jefe, como expresión de que en su intachable conducta heredó como nadie el acendrado antimperialismo de su Maestro.

Desde sus años de estudianteFidel sustentó sus ideales y criterios de soberanía apelando a las doctrinas de José Martí y no en pocas ocasiones encumbró aquellas palabras martianas que aseguraban que la libertad costaba muy cara, y era necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a compararla por su precio.

También el Apóstol desenmascaró en su época al reformismo y el anexionismo como enemigos fundamentales de la independencia de Cuba y proclamólo inevitable de la guerra contra el colonialismo español, así como Fidel llegó a la conclusión de que el único camino para conquistar la libertad era el de la lucha armada.

De ahí que el programa del Moncada era esencialmente martiano y esa continuidad en el pensamiento está en cada paso, en cada acción de Fidel, que nos enseñaría en el proyecto revolucionario toda la dimensión ética, humana, política, ideológica, internacionalista y antimperialista de José Martí.

Escrito por Aída Quintero Dip

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