Fidel y Santiago, juntos en la historia y en la gloria

Fidel es un referente del ideal de libertad y solidaridad en el mundo; es el símbolo de Cuba, el nombre que identifica a la pequeña Isla del Caribe en todo el orbe, y que de solo mencionarlo se reconoce el faro de luz, dignidad e hidalguía de un pueblo y un país de frente siempre en alto, que nunca se han puesto de rodillas.

  Enorgullece ser compatriota de ese hombre de talla universal, ancestral patriotismo y gran dimensión humana, sempiterno defensor de las mejores causas por la paz, la justicia social y la supervivencia de la especie humana; enaltece ser contemporáneo de un cubano de su estirpe y haberlo disfrutado por tantos años batallador, visionario, íntegro, fiel.

  Fidel es también Santiago, la tierra heroica y rebelde por la que sentía un especial cariño, y que su gente le reciprocó con la confianza de un padre, hermano, amigo, en el Parque Céspedes, en la Ciudad Escolar 26 de Julio, en el balcón del antiguo Ayuntamiento, o sencillamente en la calle, en un jeep descapotado junto al entrañable amigo y hermano Hugo Chávez.

   En esta tierra de épica tuvo su Moncada, esa madrugada gloriosa del 26 de julio de 1953 en que el cielo fue tomado por asalto; y su 30 de Noviembre, el día en que la urbe se alzó vestida, por primera vez, del verde olivo de la sierra y la esperanza para apoyar el desembarco del Yate Granma y poner proa hacia el futuro.

   Conmovió Fidel con su Primero de Enero en el corazón de la urbe, para proclamar el triunfo de una Revolución más grande que nosotros mismos y a la que enseñó a cuidar como la niña de los ojos, para que ningún enemigo prepotente y soberbio pudiera arrebatarnos la libertad.

  Con esta ciudad brava y hospitalaria tuvo un vínculo extraordinario, cuando niño vino a estudiar, en los días de la guerra sintió el apoyo incondicional de Frank País y los luchadores clandestinos, y como constructor de la Patria nueva le inspiraron y tendieron los brazos para mantener bien alta la espada y la bandera.

  Invariablemente venía a su regazo a celebrar victorias, evocar la historia y a sus mártires, reflexionar sobre medulares temas de la política exterior y de situaciones internas como lo hace un padre con sus hijos e hijas, o denunciar, en complicidad, maniobras del enemigo que no se conformó nunca ante la osadía de Fidel y los cubanos.

  En este pedacito de Cuba conocen bien de la grandeza de Fidel, el hombre que puso luces en el corazón de los cubanos para que aprendieran a leer y escribir y para que aprendieran también a defender sus conquistas hasta con las uñas si fuera necesario, como se hizo bajo su guía y ejemplo en las arenas de Playa Girón.

  Testimonios hay de que sembró amor a manos llenas, lo sienten hombres y  mujeres sencillos del pueblo y quienes hicieron historia a su lado como el locutor Noel Pérez, el cual cumplió todas sus órdenes el Primero de Enero desde el corazón de esta ciudad porque «Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución».

   Y en esta amada tierra es un privilegio ahora custodiar sus cenizas, rendirle honores todos los días, con el compromiso de hacer perdurable la gran obra que legó, de ser fiel y darle continuidad a su concepto de Revolución.

  Como “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», el mejor discípulo de José Martí está al lado de su Maestro, del autor intelectual del asalto al Moncada cuando sus ideas fructificaron en los Jóvenes de la Generación del Centenario que preferían morir antes que resignarse a ser esclavos.

  Fidel glorifica la tierra de otro renombrado hijo de Santiago, el General Antonio. Y honra a ese sagrado altar de la Patria, “Santa Ifigenia”, que lo atesora bien cerca de la tumba de la estoica Mariana, de más de 30 generales de la guerra de independencia, de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, asaltantes al Moncada, combatientes internacionalistas y de Frank País.

  Con la certeza de que emprendimos la marcha con lealtad indetenible tras su ejemplo, levantando un monumento a su mayor legado: la unidad, seguimos los cubanos en la batalla tras el guerrero invicto que vive en el corazón de Santiago.

  Para siempre en la memoria del pueblo estará el forjador de la nación, el artífice de una Revolución solidaria y generosa, que no requerirá más monumento que estar en el alma de la Patria.

Deja una respuesta