Fidel y su preferencia por la pelota

Considerado con justeza el atleta mayor, el Comandante en Jefe Fidel Castro fue siempre un sempiterno y apasionado defensor de la práctica del deporte en Cuba, como una vía eficaz del desarrollo integral de los seres humanos y un derecho del pueblo, conquistado desde el triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959.

  El propio Fidel practicó algunas disciplinas durante su juventud. Por ejemplo, imágenes de archivo nos lo muestran como un tenaz jugador de baloncesto con electrizante colocación del balón en el aro, una faceta de su fructífera existencia que constituye paradigma para las nuevas generaciones.

  Pero realmente el deporte de su vida fue el béisbol, lo disfrutaba como un pelotero más en el terreno desde las gradas de los estadios, a los cuales acudía con frecuencia a contemplar desafíos cruciales desarrollados en la isla con equipos foráneos o entre elencos nacionales en la disputa por la corona.

  En la memoria del pueblo quedó grabado aquel juego, en julio de 1959, entre barbudos del Ejército Rebelde cuando Camilo estaba en una novena que enfrentaría a su leal compañero de lucha. Y fue entonces cuando el Héroe de Yaguajay diría una frase que lo inmortalizara para la historia, que no estaría contra Fidel ni en la pelota, y decidieron jugar en el mismo elenco.

  Quién ha olvidado aquel memorable desafío de pelota en el estadio Latinoamericano con Fidel y Chávez como principales protagonistas. El presidente venezolano reía de lo lindo ante las bromas que le jugó su padre revolucionario, como nombraba a Fidel, quien se presentó con un equipo de jóvenes disfrazados de veteranos; encuentro que concluyó en una fiesta de fraternidad entre líderes, atletas y pueblos hermanos.

  El Comandante en Jefe fue fiel a su afición por la pelota. Así, invariablemente recibía a los equipos en aquella etapa gloriosa en que se coronaban campeones en importantes lides internacionales, departía con ellos, indagaba sobre jugadas que había observado por la Televisión, les ponía el brazo en el hombro a los atletas en señal de afecto y los saludaba con especial cariño a cada uno.

  En una ocasión, en plena sesión del Séptimo Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, en 1999, en La Habana, insistió en que sin perder la calidad apresuraran los debates, ya que él quería disfrutar de un juego de pelota esa noche por la TV en que participaba el equipo de Santiago de Cuba, a todas luces uno de sus elencos preferidos.

  Ahora que se desarrolla la 60 Serie Nacional del deporte más emblemático de Cuba, cada buena jugada, cada jonrón, cada hit, cada triunfo en buena lid de cualquier equipo es un reconocimiento a Fidel, quien vaticinó la importancia de la práctica del deporte para las personas como un derecho sagrado que les permite tener una vida más sana y edificante, y en el caso de los atletas de alto rendimiento representar dignamente a su pueblo en la arena internacional.

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