Frank País, el eterno héroe de verde olivo

En una carta a su novia América el avezado jefe clandestino, Frank País García, había revelado: “Tienes un rival que me ha robado en cuerpo y alma…he sufrido tanto por ella que la amo profundamente, de corazón. He olvidado todo, tú, yo, los demás, solo ella me interesa. En mis venas arde un solo deseo: servirla”.

Son pocos los ejemplos de existencia tan corta, apenas 22 años, y que haya ofrendado tanto a la Patria; por eso para honrarlo se escogió la fecha de su muerte, el 30 de julio de 1957, como Día de los Mártires de la Revolución, al encarnar las virtudes de lo más prometedor de la juventud que se inmoló por conquistar la libertad de Cuba.

Su compañero de armas, quien lo acompañó siempre en los avatares de la lucha, Juan Grau Durán, lo calificó así: “Hombre inmenso, revolucionario cabal, capaz de levantar en vida a Santiago de Cuba y de levantarla también en la muerte”.

Doña Rosario, su adorada madre, herida ante el dolor por la pérdida de su joven y tierno retoño, expresó en una ocasión “Como hijo era un modelo, como patriota era otro modelo. Era una maravilla Frank”.

Su propio testimonio y apreciaciones de personas que lo conocieron bien, revelan las acrisoladas virtudes del maestro que quería formar ciudadanos dignos y se convirtió en educador de superior alcance, lo cual tenía coherencia con un pensamiento revolucionario, profundo ideario martiano y principios democráticos y de justicia.

Así cimentó un espíritu rebelde ante todo dogma, aval que le valió para ser el alma del levantamiento armado de la ciudad de Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956; en su condición de jefe nacional de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio supo organizar las fuerzas en una acción osada para distraer el poderío enemigo y apoyar el desembarco del Granma, que navegaba desde México rumbo al futuro con Fidel al frente.

Quedaron para la historia las palabras de la combatiente Gloria Cuadras, quien lo quería como a un hijo: “Frank honró el uniforme verde olivo y el uniforme verde olivo se honró con él. Lucía muy bien y tenía una expresión de felicidad en el rostro que nunca se borró de mi corazón”.

El líder santiaguero tenía una recia estirpe, había nacido el 7 de diciembre de 1934, cuando se recordaba los 38 años de la caída en combate del insigne patriota, el Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales, paradigma del decoro y de la intransigencia revolucionaria de los cubanos.

Forjó un movimiento clandestino con un sentido de férrea disciplina, compartimentación y arrojo admirable, en un Santiago heroico y rebelde, pero hospitalario donde las casas y su gente fueron cómplices de sus ideales y acciones.
Pocas veces se unieron en un luchador de su talla la audacia, la ternura y la sensibilidad para tocar el piano, escribir, desgarrado por el dolor, un poema a su hermano muerto -Josué, caído el 30 de junio de 1957-, amar a la madre entrañablemente y sentir afecto manifiesto por Haydée Santamaría, Celia Sánchez, Vilma Espín y Gloria Cuadras.

Las nuevas generaciones que se nutren de su ejemplo y Cuba entera evocan hoy a Frank País que sigue viviendo en el alma de la Patria.

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