La medicina cubana, una obra de Fidel

Infinidad de ejemplos confirman que en cada hito, cada hecho y cada logro de la medicina cubana están las manos, la inteligencia y el corazón del Comandante en Jefe Fidel Castro, su principal artífice y apasionado defensor.

A ese quehacer Fidel se entregó, desde el triunfo de la Revolución, con espíritu innovador y previsor en pos de crear una medicina cubana gratuita, inclusiva y de calidad como principales fortalezas.

Su afán, interés e incansable labor podrían sintetizarse en cuatro acontecimientos que surgieron años después y representaron una genuina revolución en el campo de la Salud Pública.

Así, tal empeño podría resumirse en la creación de una Escuela Cubana de Medicina con el egreso de profesionales altamente calificados y con el don de su profundo humanismo, además de la fundación de los consultorios del médico de la familia, una hermosa idea del
invicto líder en aras del fortalecimiento de la Atención Primaria de Salud y en interés de cumplir los postulados de la prevención, como esencia del sistema sanitaria en la isla.

Como expresión de su gran sentido del valor y la urgencia de la cooperación y la solidaridad en este campo, se inscribe la creación de la Escuela Latinoamericana de Medicina, en 1999, para contribuir a la formación de profesionales de la salud de países hermanos, sobre todo, los de mayor precariedad sanitaria y con necesidad de personal calificado en esa área geográfica.

Constituye un hito en esta historia de amor y esperanza por la vida, la constitución hace 15 años del contingente internacional Henry Reeve, especializado en situación de desastres y graves epidemias, para ayudar a naciones necesitadas y que sus gobiernos soliciten ese noble concurso de los hombres y mujeres de batas blancas de la isla caribeña.

Inspirados en su Comandante en Jefe, de proeza en proeza han ido estos valientes tejiendo una epopeya de altruismo y desinterés por los rincones más lejanos e inhóspitos del planeta donde han extendido su noble servicio, cumpliendo el legado de Fidel.

De ese ejemplo imperecedero se nutrieron los miembros de ese contingente que combatieron el Ébola en África, y los que han integrado las brigadas que han socorrido, al riesgo de su propia vida, a personas de unas 38 naciones en lucha sin tregua ante la pandemia por la Civid-19, enfermedad muy contagiosa y letal que tiene en vilo a la humanidad.

Hoy, cuando muchas organizaciones y personalidades del mundo abogan porque se le otorgue merecidamente a la «Henry Reeve» el Premio Nobel de la Paz, el pensamiento de Fidel está más presente que nunca en estos héroes de la vida, fieles continuadores de la obra de Fidel e hijos de una Revolución que coloca al ser humano en el centro de sus prioridades.

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