“Máximo Gómez: El hijo adoptivo y predilecto de Santiago de Cuba”

Con este mismo título, el 18 de julio del año pasado, el periódico Sierra Maestra publicó un artículo de Damaris Torres e Israel Escalona, reconocidos historiadores y profesores de la Universidad de Oriente. Paradójicamente , a pesar del tema, que debe interesar a todo santiaguero, de lo poco manejada de la información que los autores ofrecen de un modo que concita a la lectura, comprobamos que el trabajo –escrito como homenaje al 505 aniversario de la fundación de una ciudad que rezuma historia y de la admiración mutua entre sus ciudadanos y el Generalísimo-, el texto esapenas conocido incluso en el ámbito estudiantil universitario: por ello consideramos pertinente, un año después, volver sobre el artículo de los investigadores santiagueros.
Antes retomaremos la figura de Máximo Gómez Báez (1836-1905): hay razones suficientes para hacerlo. El 16 de octubre se unió al combate por la independencia de Cuba iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, el 10 de octubre de 1868 en Demajagua. El 4 de noviembre Gómez dirigió la primer carga al machete cerca de Baire: fue su manera de entrar en una historia donde se ganó el derecho a capitanear el Ejército Libertador en las dos grandes guerras contra el colonialismo, la del 68 y la del 95. Su capacidad militar reconocida dentro y fuera de la Isla, incluso por sus adversarios, lo convirtió en símbolo. Junto a su compañero y amigo Antonio Maceo, Lugarteniente general del EjércitoLibertador fue artífice de la epopeya militar mástrascedente del siglo XIX en Latinoamérica: la Invasión de Oriente a Occidente.
Desde el comienzo de la Guerra de los diez años, como apuntan los autores del estudio citado, Gómezdesplegó acciones militares en zonas aledañas a Santiago: en lo adelante sus vínculos con la ciudad seríanpermanentes. La jefatura de la División Cuba le permitió relacionarse con sobresalientes jefes militares santiagueros como: Antonio y José Maceo, Guillermo Moncada, Quintín Banderas y Flor Crombet, entre otros. Junto a ellos alcanzó victorias resonantes. No es casual que cuando concluía la guerra, en febrero de 1878, regresara al territorio santiaguero a reencontrarse con AntonioMaceo.
En la Guerra necesaria organizada por José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, Gómez y Maceo encabezaron el aparato militar, con lo cual garantizaron la organización de las operaciones, la adhesión de los jefes militares más experimentados y el carácter nacional liberador de una gesta en la cual, cuando el triunfo de los cubanos estaba prácticamente definido fue escamoteado por la intervención de los Estados Unidos. La intromisión norteamericana devino un golpe artero contra una causa y un pueblo y contra el hombre que, muertos Martí y Maceo, era quien mejor representaba a los cubanos. Junto a Maceo cayó en combate Panchito Gómez Toro, el hijo del Generalísimo quien exclamo: ¡Me he quedado solo!, pero continúo combatiendo hasta el final.
“Tras finalizar la guerra –señalan Torres y Escalona- Gómez llegó a Santiago de Cuba en seis ocasiones, cuatro durante la ocupación militar norteamericana (1899-1902) y dos en los primeros años de la República” .Señalanque la primera visita la realizó el 15 de abril de 1900, cuando transitaba hacia su patria: República Dominicana. Pero, antes, el 23 de marzo de 1899, la Asamblea de Vecinos lo nombró: “Hijo adoptivo y predilectode Santiago de Cuba”. La ciudad acogió el nombramiento con “gran jubilo y entusiasmo y la población se congregó en el muelle para recibirlo”.Retornó casi dos años después y recibió muestras de cariño de las autoridades y la población santiagueras.
Su última estancia en Santiago, la más extensa, acotan los investigadores, se extendió del 26 de abril hasta el 7 de junio de 1905. Un año antes varias personalidades lo habían visitado para testimoniarles su admiración y afecto, entre ellas: Emilio Bacardí, Federico Pérez Carbó, María Cabrales y Ambrosio Grillo. Ahora, en 1905, los agasajos en la ciudad y en poblados cercanos se multiplicaron. A fines de mayo enfermó. Todo un pueblo estuvo pendiente de su salud: era la sincera apoteosis del cariño de una ciudad por su hijo ilustre.
Torres y Escalona finalizan así su interesante artículo,permítanme citarlos textualmente: “Una ligeramejoríapermitió el 7 de junio su traslado hacia la capital… Refiere Carlos Forment en sus Crónicas de Santiago de Cuba, que al subir al tren le estrechó la mano a Emilio Bacardí, diciendo: “Así me despido del pueblo de Santiago”. Diez días después falleció en La Habana. Los santiagueros sintieron con hondo dolor su sensible pérdida, y como toda Cuba, lloraron su muerte”.

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