Mi historia de los CDR Parte II

Sin cumplir los 5 años mi hijo inició la escuela, por aquel entonces, estábamos comenzando el llamado Período especial en tiempo de Paz.

Les hablo del año 1991 en que todo empezaba a escasear, pero no teníamos idea de lo duro que serían esos tiempos cuando la economía cubana tocó fondo y ante su desmerengamiento, palabra usada por Fidel, no teníamos una Unión de Repúblicas Socialista Soviética que nos apoyara, y el Sistema Socialista Mundial desapareció.

El líder cubano con su visón futurista había advertido que vendrían tiempos muy difíciles, pero creo que la mayoría no teníamos idea de lo que se nos venía encima.

Adquirir el uniforme escolar no fue tan difícil en esos años, pues esa prenda siempre estuvo garantizada, a pesar de uno que otro contratiempo; pero comprar un par de zapatos colegiales se tornaba muy difícil y el particular vendía en 800. 00 el calzado infantil, cuando mi salario no excedía los 230. 00 aproximadamente.

La vida se complicó mucho. Tuve la sensación de volver a vivir los primeros años del Triunfo de la Revolución cuando calcé mis pies con los primeros zapatos colegiales.

Decirlo así parece una tontería. Pero esos calzados tienen su historia que se remonta al inicio de las relaciones Cuba- URSS, allá por la década de los 60, cuando la economía cubana estaba muy depauperada luego del triunfo del primero de enero y para seguir adelante, tuvimos muestras de solidaridad de ese país.

No veíamos ni hablábamos de los donativos con el desenfado de hoy. Pero llegó un cargamento de artículos muy necesarios y nuestra cuadra fue premiada con 4 pares de zapatos colegiales, y cuando los enseñaron en aquella reunión los niños, la mayoría muy humildes, quedamos deslumbrados.

Fue un proceso democrático y popular para seleccionar a los pequeños más necesitados pero con una actitud sobresaliente donde también se tenía en cuenta el comportamiento de la familia. Y con 8 o tal vez 9 años tuve la dicha de merecer el primer estímulo cederista, ¡me gané un par de zapatos colegiales.

Muchos años pasaron para darme cuenta que las horas sentadas frente a una mesa trillando café, tienen todavía su significado, tanto, que como resultado del esfuerzo puse en mis pies los primeros zapatos colegiales que con amor y cariño aún recuerdo, eran color marrón con unos hoyitos pequeños y muy cómodos. Creo que transcurría el año 1964.

Fue tanto el impacto y tan profunda la emoción, que ese momento jamás lo pude olvidar y lo traigo como parte de mis memorias de los CDR cuando la organización está a punto de cumplir sus 61 años de fundada.

A nosotros nos corresponde no olvidar, debemos compartir estas pequeñas historias que hacen grandes a los CDR y da a mi generación un sentido de pertenencia genuino de esa organización de masas que con tareas adecuadas a estos tiempos, mantiene como objetivo defender las conquistas de la Revolución desde el barrio, desde la cuadra donde usted y yo vivimos y hoy por hoy tenemos muchas tareas por hacer.

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