Ocho estudiantes, un Crimen

No porque haya transcurrido poco menos de siglo y medio (149 años) de aquel monstruoso acto de cobardía y deshonor por parte de un grupo de militares españoles contra la integridad física de 45 estudiantes de medicina y la vida de ocho de ellos, jóvenes inocentes: La memoria histórica mancillada como pocas veces, no queda en el olvido.

Se ha cegado la vida con la orden de fusilamiento a los ocho estudiantes de medicina, encontrados culpables de haber rayado el cristal que cubría el nicho donde reposaban los restos del periodista Español Gonzalo Castañón.

Es como siempre la adversión y el odio fiero el que lleva al vigilante del lugar Vicente Cobas, a levantar la calumnia en una falsa delación al gobernador político Dionisio López Roberts.

La tarde hermosa y llena sonrisas, la tarde que regala el tiempo y la ociosidad: Es 24 de noviembre de 1871 y los alumnos del primer curso de Medicina estaban esperando en el Anfiteatro Anatómico la llegada de su profesor Pablo Valencia y García, ya son mas de las tres hora pactada para la clase de Anatomía.

Pero es joven la tarde y jóvenes los que la disfrutan y esperan, por ello cada quien busca en otras actividades la premura del tiempo. Unos se dispusieron a asistir a las prácticas de disección que explicaba el doctor Domingo Fernández Cubas. Otros fueron a dar un corto paseo por el Cementerio de la calle Espada, que estaba al lado del Anfiteatro Anatómico. Cuatro de los jóvenes estudiantes (Anacleto Bermúdez, Ángel Laborde, José de Marcos y Juan Pascual Rodríguez) decidieron hacer travesuras montando el carruaje del cementerio que servía para transportar los cadáveres destinados a la sala de disección.

La mala fortuna, la inocencia o la ingenuidad de sus actos lúdicos hacen que con el descuido de quienes no albergan maldad en sus acciones, pasearan con él improvisado carruaje por la plaza que se encontraba delante del cementerio. Otro de los estudiantes (Alonso Álvarez de la Campa, 16 años) tomó una flor que estaba delante de las oficinas del cementerio.

Y se desata la furia, la incomprensión y el desasosiego en el vigilante Vicente Cobas, que no entiende de juegos ni de juventudes, mortificado y enfurecido, porque los estudiantes supuestamente habían estropeado su jardín, decide la delación.

Solo transcurre un día, un solo acuciante y desdichado día (25 de noviembre de 1871) para que el gobernador Dionisio López Roberts entrase primero al cementerio y luego a la Universidad colindante, dispuesto a apresar a todos los estudiantes que pudiera.

En acto desatinado y prepotente trató de arrestar a todos los estudiantes de segundo curso, pero su profesor Juan Manuel Sánchez Bustamante y García del Barrio se opuso enérgicamente y López retrocedió.

Entonces se dirigió al aula del primer curso. Su profesor Pablo Valencia y García se asustó y no impidió que López arrestara a 45 de sus 46 estudiantes, directamente en su aula universitaria.

Todo los colonial se confabula, militares, jueces y prensa. Todos hablan de una  justicia que tiene el deber de castigar a los culpables e imponer la pena que merecen y enarbolan la moral y los llaman “asquerosas hienas».

Inculpan a los inocentes de sacrílega profanación de los nichos que guardaban los restos de Don Gonzalo de Castañón a quien dan título de héroe porque “presentó su pecho al hierro enemigo en el combate y muere por un plomo traidor” cuando en verdad Castañón muere en legal duelo con una persona que lo reta por ser víctima de sus infamias.  Los estudiantes fueron procesados en ilegal juicio sumarísimo que realizaron en 2 ocasiones.  El primer juicio dictaminó sentencias suaves según los victimarios, algo que no fue aceptado por los voluntarios españoles amotinados frente al edificio de la cárcel.

Inmediatamente se forma un segundo Consejo de Guerra, que siguió deliberando hasta el día 27 al mediodía, sopesando la cantidad de estudiantes a condenar a la pena máxima. Al final decidieron que 8 estudiantes serían fusilados. Los cinco primeros fueron fáciles de escoger: los 4 que pasearon en el carretón y el que arrancó 1 flor. Los otros 3 estudiantes fueron escogidos al azar, como escarmiento, del resto, 11 fueron condenados a 6 años de prisión, 20 a 4 años, y 4 a 6 meses, además de que los bienes de todos quedaron sujetos a las responsabilidades civiles determinadas por las leyes.

El Fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina fue un crimen cometido por los colonialistas españoles, durante el gobierno del General Blas Villate y de la Hera, Conde de Valmaseda durante la Guerra de los Diez Años, suceso que se deriva la rabia y el ensañamiento por la guerra que demostraba la decisión de los cubanos por la de independencia patria.

Escrito por Santiago Carnago

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