Una historia que pudo ser diferente: el fusilamiento de los 8 estudiantes de Medicina

Una actitud digna  y valiente pudo haber cambiado la fatídica  historia  del 27 de Noviembre  de 1871, el día en que fueron fusilados los 8 estudiantes de Medicina, un hecho que hasta hoy causa la mayor indignación  en este pueblo.

Si el  doctor Pablo Valencia y García, el profesor que no llegó a su turno de clases  aquel viernes 24 de noviembre de 1871 hubiera  puesto por encima de su miedo  el deber de cuidar a sus estudiantes hasta las últimas consecuencias.,  la historia contada hoy  fuera otra, y la narración de aquellos hechos así lo muestran.

Según trasciende sobre  aquel acontecimiento, Vicente Cobas,  el vigilante del cementerio de Espada –abierto por esa  época en La Habana-, mortificado porque aquel grupo de jóvenes “había descompuesto sus siembras”, hizo una falsa declaración al gobernador político Dionisio López Roberts. Sin detenerse a pensar en las futuras consecuencias, él dijo que los estudiantes habían rayado el cristal que cubría el nicho donde reposaban los restos del periodista español  Gonzalo Castañón.

Ahí comenzó todo. El ensañamiento del gobernador político  encontró férrea oposición por el profesor Juan Manuel Sánchez Bustamante del segundo año de Medicina, y así  impidió que  sus estudiantes corrieran el cruel destino.

Pero con  el  temor mostrado por el Doctor Valencia García, se encausó tal proceso con los estudiantes de primer año de la carrera.  Esa indecisión costó la vida  de 8 inocentes, la forma más criminal encontrada por el gobierno español, tal vez para tratar de reducir la energía mambisa y el aire de libertad que tenía su expresión en la lucha por la Independencia de Cuba.

Han pasado 159 años , y quienes aún se interesan por conocer la verdad sobre aquellos hechos, se impresionan cuando leen textos que como este, escrito por Fermín Valdés Domínguez, uno de los jóvenes estudiantes de primer año de Medicina que estuvo prisionero junto a sus compañeros, incrementa la indignación por lo  ocurrido:

  “Todo estaba preparado y, para completar la crueldad del acto, nosotros, desde nuestra galera, habíamos de verlos salir maniatados al suplicio […] Habían estado media hora en Capilla. Los ocho adolescentes pasaron el rastrillo de la Cárcel y nos dijeron adiós por última vez […] Alonso Álvarez de la Campa, el mártir de dieciséis años, era el primero. A nuestros ojos pasaron con la sonrisa de la inocencia en el semblante, y entre sus manos esposadas, la cruz inmortalizada por el héroe del Gólgota, pasaron por última vez. El tambor calló; siguió un momento de silencio terrible y mortal, sonó al fin una descarga de fusilería, se repitió tres veces la descarga”.

Prácticamente eran  adolescentes quienes al no tener ocupado su turno de clases del viernes 23 de noviembre de 1871 a las 3 de la tarde, entraron al Cementerio de Espada,  e hicieron las  travesuras  a tono con  jóvenes de su edad.

Junto a    Alonso Álvarez  quien había cumplido   16  años,  fueron condenados  solo por un rato de diversión, Ángel Laborde y Perera   y  Carlos Verdugo y Martínez con 17; Anacleto Bermúdez y González de Piñera , Eladio González Toledo,  Carlos Augusto de la Torre y Madrigal y  José de Marcos y Medina  con 20 años y  Juan Pascual Rodríguez y Pérez  quien tenía solo  21 años para ser el mayor de los condenados.

Probar la inocencia de sus compañeros fue decisión de Fermín Valdés.   El como testigo de aquellos acontecimientos no  podía validar con su testimonio  que los muertos no eran culpables.  Tuvo que esperar hasta 1887  en que  viajó a La Habana Fernando de Castañón,,  para recibir como respuesta a su solicitud,  que no se observan daños ni en el cristal ni en la lápida   de su padre Gonzalo.

De esta forma quedó demostrado la injusticia cometida con 8 estudiantes de Medicina  que de inocentes pasaron a ser Mártires a quienes se les rinden honores cada 27 de Noviembre.

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