Útiles herencias del periodismo martiano

 De prédica y de combate es el periodismo legado por nuestro José Martí, muy útil para estos tiempos difíciles, tanto el concebido como pura pedagogía al estilo de La Edad de Oro, como el que brota en el periódico Patria, que resume el concepto martiano de que el periodista es un soldado de las ideas.

El Maestro enseñó como premisa que ese profesional ha de tener bien definida su estrategia y su táctica, en el sentido de que no todos los temas pueden tratarse de la misma manera en cada momento.

Bien claro es el mensaje: Un análisis franco de una cuestión determinada hecho a destiempo, puede malograr el resultado de una acción ineludible para la consecución de un objetivo vital a la causa que se defiende.

  Se deduce que, además de sabio y bueno, el buen periodista debe ser astuto, de lo contrario volverá contra sí mismo sus armas.

He ahí una gran enseñanza. Aquellas flaquezas de lo propio que es imprescindible ventilar entre los compatriotas -porque lo que ha de interesar al profesional honrado es sanear el mal y no armar alharaca-, no han de sacarse innecesariamente a la vista del enemigo que las aprovechará sin dudas en su beneficio.

  En el artículo Nuestra Prensa, publicado en Patria, Martí expresa: “una es la prensa, y mayor su libertad, cuando en la república segura se contiende, sin más escudo que ella, por defender las libertades de los que las invocan para violarlas, de los que hacen de ella mercancía, y de los que las persiguen como enemigas de sus privilegios y de su autoridad”.

  Y añade el Apóstol de la independencia: “Pero la prensa es otra cuando se tiene en frente al enemigo. Entonces en voz baja se pasa la señal. Lo que el enemigo ha de oír, no es más que la voz de ataque”,  sentencia que constituye una lección indeleble.

Infinitas son las enseñanzas que de su inmensa obra puedenasimilar los profesionales de la prensa revolucionaria de quien el 8 de junio de 1875, en La Revista Universal de México, definía con inusitada profundidad el papel que debía asumir la prensa:

  “…Toca a la prensa encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir; tócale examinar los conflictos, no irritarlos  con un juicio apasionado; no encarnizarlos con un alarde de adhesión tal vez extemporánea,… tócale, en fin, establecer y fundamentar enseñanzas, si pretende que el país la respete, y que conforme a sus servicios y merecimientos, la proteja y la honre.”

  Entonces tenía apenas 22 años, pero ya resumía con tal discernimiento y agudeza los objetivos y las misiones del periodismo ético y revolucionario que predicó, al revelarse como periodista de afilada pluma y acercarse a todos los temas con igual sabiduría, rapidez y seguridad.

  Desde la perspectiva de Martí, el periodista debía ser orgánicamente revolucionario, no solo en política, sino en el más cabal sentido del término; o quedar reducido a la categoría de repetidor o amplificador de acontecimientos.

  Solo a la enorme base cultural que cimentó y en la que apoyaba sus juicios, unida a la capacidad excepcional de ver, hasta con el corazón, por la comparación, por el análisis, se debe la magnitud de su legado periodístico.

Otra secreta ciencia del periodismo martiano está en los términos conocer y meditar, y viceversa, porque son dos factores imprescindibles a la hora de enfrentar el análisis de cualquier asunto, aunque sea el más trivial.

También alertaba que en su función formativa, el periodista no debía decir por la avidez de sentar cátedra en la prensa o en la lengua, ni hacer gala de una sapiencia estéril, sino decir con aquel elevado concepto ético de lo humano trascendente que lleva al individuo a ser su mayor crítico y su mejor preceptor.

   Por eso en la labor de la prensa es preciso asimilar conscientemente la necesidad de elaborar un mensaje cada vez más integral, profundo, equilibrado, maduro;  estudiar y profundizar en función del papel político que corresponde, como hacedores de una prensa comprometida y militante, con la presencia indiscutible de Martí en esa guerra mayor de pensamiento que se nos hace.

  Y no ser simples críticos, sino actuar con la certeza de que la Revolución es nuestra y en función de esto se develan errores, deficiencias, tendencias negativas, y proponen alternativas, caminos, con la verdad como premisa.

  El papel de la prensa en general  debe proyectarse en tal sentido, no puede ser mero reproductor, sino debe partir de un ejercicio coherente de contrastar opiniones y profundizar en la investigación de temas neurálgicos o de gran incidencia en la vida nacional y de elevada repercusión pública.

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