Valores de la cultura anticipados por Fidel

Con las palabras de Fidel a los intelectuales en los días fundacionales de la Revolución, triunfante en enero de 1959, se avizoraba con meridiana claridad el importantísimo papel que desempeñaría la cultura en el nuevo y favorecedor proceso gestado en Cuba, bajo la guía de este visionario hijo de esta tierra.

Las consideraciones de entonces del Comandante en Jefe en presencia de intelectuales con una obra ya hecha en esos años alborales como Nicolás Guillén, devenido en Poeta Nacional, el notable escritor Alejo Carpentier, Miguel Barnet, Roberto Fernández Retamar, entre otros de renombre, conservan su plena vigencia como si fuesen pronunciadas para hoy mismo.

“Con la Revolución todo, sin la Revolución nada”, era el sello escogido por Fidel para identificar la creación artística, literaria y cultural que se promovería en el país en tiempos de guerra de todo tipo contra la naciente epopeya revolucionaria, que contó desde el primer momento, es justo reiterarlo, con el respaldo de muchos hombres y mujeres que pusieron talento y corazón al servicio de su Patria y su pueblo.

En correspondencia con ese reconocido quehacer, fue célebre y oportuna la frase pronunciada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, en el VI Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en los años finales de la década del 90 del pasado siglo, de que “lo primero que hay que salvar es la cultura”, no solo por el patrimonio valioso que atesora, sino como escudo y sostén de la nación.

Esa ha sido la brújula que ha caracterizado la actuación y la obra de los intelectuales revolucionarios, bajo la guía de Fidel primero, y de su legado, después de su partida física; como respuesta a las pretensiones injerencistas de la administración estadounidense que jamás se ha resignado a no tener a Cuba, aspiración que se estrella ante la posición digna de un pueblo que nunca se ha puesto ni se pondrá de rodillas.

Es que por su esencia raigalmente patriótica, la cultura cubana, a la cual se le rinde honores y festeja su día cada 20 de Octubre, tiene su simiente, se afianza y fortalece en las ricas tradiciones históricas de la Patria, y constituye también un tributo a Fidel, defensor sempiterno de sus valores más genuinos.

Pródiga, diversa, sublime es la cultura de nuestra isla, reconocida en el mundo entero, con figuras emblemáticas que la han hecho trascender, además de géneros y manifestaciones nacidos al calor de la búsqueda y la autenticidad.

Pero no se circunscribe únicamente a esos valores, hay que entenderla en su vastedad, como el conjunto de acontecimientos y resultados que definen una nación desde el punto de vista político, social y económico, y por su espíritu libre y creador. Es un sustrato de resistencia enarbolado con orgullo como una bandera salvadora.

La cultura cubana también sobresale por su gran hondura popular, esa que es carne de sus pobladores; no es circunstancial ni de espectáculo. Es una síntesis que define y salva: a los seres humanos, a un pueblo, a una época; es, al decir del destacado intelectual santiaguero, ya fallecido, Joel James: “Espacio natural y duradero, donde se asienta la independencia de un pueblo”.

Como trigo que fecunda y canto por entonar no solo cada 20 de Octubre, la cultura es tributo perenne al patriota Perucho Figueredo, quien, además del machete en la manigua redentora, alzó un himno de amor y combate por la libertad.

En resumen, sin cultura no hay nación y es tan cardinal para un pueblo que, ante circunstancias difíciles provocadas por la COVID-19, en Cuba los conciertos y espectáculos cambian de escenario y forma pero no cesan, porque nada ni nadie puede impedir que crezca la espiritualidad y la esperanza de los hijos de esta tierra, una lección aprendida de Fidel.

 

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