HUGO, PEDRO Y ANDRÉS “EL MUERTO VIVO»

El patio del cuartel “Moncada” era un semillero de jóvenes germinando con su valentía y arrojo, ese Moncada- cuartel, jamás debió que ostentar el nombre de tan sagrado mambí, por eso como burla del destino, los nuevos mambises, los de los ideales martianos entregaban su sangre y su vida por la causa liberadora, muertos algunos en combate, otros asesinados a mansalva, maquillados todos como falaz y falso testimonio de una muerte en combate. Otros asesinados estarían en lista aparte.

Hugo Camejo nació el 7 de mayo de 1918 en Guayabal, provincia de Artemisa era su familia obrera de humilde posición económica

Luego de alcanzar el 6to grado, Hugo quien fue carretillero en el “Tejar Toledo” hace esfuerzos de superación y estudia electricidad, a pesar de sus constantes esputos de sangre por una hemoptisis que le dejaba la respiración en estado critico, su gran pasión era la lectura

Como muchos otros jóvenes se adhiere a las ideas de Chivás y se afilia al Partido Ortodoxo antes del golpe militar del 10 de marzo de 1952; después conoce a Fidel quien lo designa Jefe de la Célula del M-26-7 en Pocito, Marianao junto a , Rafael Freyre Torres, Agustín Díaz Cartaya, Pedro Véliz Hernández, José Testa Zaragoza, Rolando San Román de la Llama Ángel Guerra Díaz y Luciano González, entre otros.

Fue Hugo Camejo de los seleccionados para el salto al cuartel Carlos Manuel de céspedes en Bayamo, acción simultánea con la del Moncada en Santiago de Cuba, él y los combatientes revolucionarios Pedro y Andrés García Díaz después del asalto logran llegar hasta la Terminal de Manzanillo, pero allí son reconocidos por un militar que los asoció con la acción desarrollada en Bayamo, los detienen de inmediato y los conducen a prisión en el Cuartel.

Nada bueno se les presagia, con solo trasponer las puertas de los calabozos fueron torturados, golpeados salvajemente, las preguntas llovían y la rabia antes las negativas respuesta se traducían en mas golpes y mas vejaciones

Una orden y son sacados de detrás de la rejas y montados en vehículos militares fueron llevados al callejón de Veguitas y en el Central Sofía, y sin más miramientos les ahorcaron.

Las muertes quedaron consignadas, todos mueren por asfixia Hugo y Pedro. Sin embargo la estratagema de Andrés García fue la fingir estar sin vida y una vez que se marcharon los esbirros, pudo arrastrarse hasta la cuneta de un campo de caña y esconderse en el hierbazal. Alli permanece escondido, y al amanecer unos vecinos lo recogieron, lo curaron con esa solidaridad y amparo de verdaderos seres humanos compasivos.

Por las mismas orientaciones de Pedro los campesinos se ponen en contacto con las personas que le señala el revolucionario y isa llega la noticia a oídos de Monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba, quien se presentó en el lugar y le protegió hasta que se presenta al juicio en la Sala del Pleno de la Audiencia, custodiada por decenas de soldados con bayoneta calada.

En ese acto judicial Fidel como abogado de la defensa interrogó al asaltante del cuartel de Bayamo, Andrés García, a quien llamaban sus compañeros en la cárcel de Boniato «El muerto vivo» por sobrevivir «milagrosamente», en su caso, fallida ejecución perpetrada por los esbirros en el camino de Veguitas juntos a sus compañeros Hugo Camejo y Pedro Véliz.

El joven Andrés García, en respuesta al interrogatorio del doctor Fidel Castro, narró detalladamente, sin obviar nombres de ejecutores, la tortura de que fueron objeto él y sus compañeros. Era una prueba criminal sin paralelo.

Escrito por Santiago Carnago

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