Importancia de la familia en la formación de los hijos con discapacidad intelectual leve

Santiago de Cuba, 15 de oct. – El proceso de educación de la personalidad es ilimitado; a lo largo de toda la vida el hombre, se educa y se desarrolla. Es erróneo pensar que el niño y el joven sólo se educan durante el período de su vida escolar.

El proceso de educación en los discapacitados intelectuales leve no puede hipertrofiarse en ninguna de sus múltiples direcciones; él encierra tendencias aparentemente opuestas que de manera armónica se deben integrar en una unidad valorativa y de acción en la personalidad del niño.

Este proceso de la personalidad del niño con discapacidad intelectual leve encierra a todos los resortes de la sociedad con todas las organizaciones e instituciones comenzando por la familia y continuando a través de todas las esferas que implican al hombre en una relación necesaria en nuestra sociedad.

De este modo, la formación de las cualidades de la personalidad del niño discapacitado intelectual leve depende del papel que desempeñe desde edades tempranas la familia y el colectivo pedagógico dentro del cual este se desarrolla.

Una autovaloración estable se forma bajo el efecto de la valoración hecha por las personas que rodea al niño, así como, bajo la actividad propia del niño y la apreciación que él hace de los resultados de la misma.

En la discapacidad intelectual leve, la valoración que tiene de sí mismo  se ve sometida constantemente a efectos bruscos y contratantes. El descubrimiento de la discapacidad por parte de la familia origina determinadas actitudes, sienten lástimas por él, y pueden entusiasmarse con el menor de sus  éxitos o algún adelanto que se produzca en su desarrollo.

El propio niño también puede inclinarse a valorarse altamente; surgiendo pretensiones exageradas de comparar la atención de todo el que le rodea, de considerar que lo merece todo. Cuando este niño ingresa a la escuela, se relaciona con sus coetáneos en la cuadra o comunidad y sobre su autovaloración  es asestado un golpe contundente.

El cuadro se hace más fuerte cuando este niño por determinadas causas permanece por un tiempo prolongado en la escuela de enseñanza  general, los reveses prolongados y múltiples hacen surgir y afianzarse en el, cualidades negativas de su personalidad.

Frecuentemente este daño, es un verdadero choque para el niño que se ve agravado por diferentes complicaciones que ocurren en el seno de la familia. Por ejemplo; cuando los padres no pueden dominar su irritación y amargura que sienten a causa del hijo “desafortunado”, y la madre, tratando de compensar este mal humor, alaba en forma exagerada a su hijo.

En otras familias sirve de fuente de humillaciones el niño menor psíquicamente válido, quien se muestra más inteligente con mayor desarrollo físico que su hermano discapacitado, y no comprendiendo  lo delicado que resulta la situación, constantemente hace alarde  de su superioridad.

A partir del análisis expuesto sobre los niños discapacitados intelectual leve puede valorarse  la importancia que juegan los padres en la formación y desarrollo de sus potencialidades, que estas sólo se logran cuando existe una adecuada educación familiar.

La forma en que los padres estructuren el entorno educativo familiar y desarrollen las interacciones con sus hijos, y las diferencias en estos aspectos, se traducen en perfiles de competencias y desarrollo  en los niños. Dicho de otra manera, porque los niños van a ser capaces de aprender más y mejor si crecen en un ambiente sano, estimulante, motivador y afectivo, en el que se favorezca su seguridad básica y su independencia.

En consecuencia, el tipo de relación que el niño establezca con su familia va a contribuir de manera importante a que obtenga más o menos éxito en su proceso de  desarrollo de su personalidad y aprendizaje, de ahí la importancia de la colaboración estrecha que la escuela, frente a la tarea de educar a un niño, debe establecer con la familia; ello supone incorporar a la escuela información significativa del contexto familiar, hacer extensivo a los padres los propósitos educativos para con ellos, siempre que sea posible; es decir hacer partícipe a los padres de la elaboración y puesta en práctica de las estrategias educativas.

Todo lo que el niño puede llegar a aprender estará en función del entorno educativo familiar del que forme parte, y eso a su vez, está relacionado con las ideas que los padres tienen sobre la educación y desarrollo de sus hijos.

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