Innovadores empeñados en estar a la altura de estos tiempos

Santiago de Cuba, 5 de oct. – Con las ideas precursoras del Comandante Ernesto Che Guevara para incitar a obreros y técnicos a suplir las piezas y equipos que disminuían en el país nació la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), creada el 8 de octubre de 1976 por acuerdo del XIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba.

Los integrantes de la ANIR en Santiago de Cuba celebrarán la fecha empeñados en aportar para hacer más eficiente la economía, en  medio de restricciones financieras y situación energética actual por déficit de combustible, a causa del recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra la Isla.

Ante el cerco imperialista que tiene la pretensión de asfixiar al país y destruir la Revolución, la Industria cubana promueve inversiones para la sustitución de importaciones, en lo que decide la contribución de los colectivos laborales de esa rama y, sobre todo, los innovadores y racionalizadores.

 Al ser este un objetivo de urgencia para el país es preciso ponerle todas las energías y el talento, pero conjugándolo con el ahorro energético y uso racional del combustible, como lo exigen estos tiempos de coyuntura adversa, cuando la nación demanda lograr la vitalidad de tareas y servicios básicos y seguir su desarrollo, en la medida de lo posible.

Si bien Eloy Álvarez Martínez, viceministro primero de Industrias, ha precisado que como parte de la estrategia trazada la sustitución de importaciones es una prioridad y existen potencialidades del sector para esta tarea, Alejandro Gil González, titular del Ministerio de Economía y Planificación, ha recalcado que no obstante a los  avances, quedan muchas reservas internas por explotar.

De ahí la necesidad de poner la ciencia y la técnica al servicio de la economía y reconocer que las generalizaciones de las innovaciones y racionalizaciones constituyen uno de los imperativos por solucionar en la labor de los foros de Ciencia y Técnica en centros de trabajo, fábricas e industrias.

Se ha demostrado que hay conciencia en los colectivos laborales de la importancia de aplicar la ciencia y la técnica en los procesos productivos y de servicios, aunque en algunos se frena su puesta en práctica, a veces por desconocimiento de lo que puede representar a la hora de resolver cuestiones de la economía y del desarrollo de la sociedad.

Resulta que si fueran generalizadas la mayoría de las soluciones aportadas en esos eventos que cada año incitan el intelecto de obreros, técnicos y profesionales, la economía se vería beneficiada con mayor eficiencia y calidad y muchos de los servicios serían más efectivos.

Ejemplos existen en los que son aprovechados convenientemente los resultados, pero la realidad indica que hay resistencia en algunos lugares a poner en práctica soluciones que redundarían en progresos de toda índole.

Sitios hay donde faltan más motivaciones y reconocimiento al desempeño anónimo de innovadores y racionalizadores, los cuales han enfrentado con competencia y laboriosidad las escaseces, problemas materiales y el criminal bloqueo imperialista, arreciado minuto a minuto en los últimos años.

Aunque hay dificultades en las generalizaciones de muchas inventivas, no pueden negarse esfuerzos  y resultados y hasta el apoyo incondicional de las administraciones, pero es preciso que ese proceder se generalice también porque así ganamos todos.

No es consigna, sino un serio desafío generalizar las generalizaciones, hecho que agradecerá en primer lugar la propia economía,  y, sobre todo,  gratificará a los hombres y mujeres que derrochan energía e ingeniosidad en un afán creativo que nace del  desinterés  de beneficio personal, y de la imperiosa urgencia de contribuir a sustituir importaciones.

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