Invitación a reflexionar sobre la cultura organizacional aquí y ahora

Santiago de Cuba, 26 de nov.- Disculpen la insistencia; pero se trata de un asunto medular: la cultura organizacional, esa que afianza el funcionamiento de las empresas y contribuye al desarrollo social. Recientemente conversamos del tema con nuestros estudiantes de Comunicación Social de la Universidad de Oriente. Intercambiamos sobre sus experiencias en las prácticas laborales. Nos gusta oír sus valoraciones aunque no siempre las compartamos. Mas: ¿por qué las rechazamos cuando no coinciden con las nuestras? ¿Si usted no está dispuesto a admitir el criterio ajeno, cómo puede aspirar a que los demás acepten el suyo?

Conversé con Ramiro Remón, a quien tanto admiramos. Me agrada oír sus criterios lapidarios, sus razonamientos agudos anclados en la realidad. Disfruto de las diferencias tanto como de las coincidencias. Esta vez platicamos sobre la cultura organizacional en las empresas santiagueras, valoramos sus avances en la comprensión del concepto, pero coincidimos en que en muchas de ellas no existe una conciencia clara de un asunto que contribuye a su supervivencia pues, está demostrado que las empresas líderes lo son entre otras cosas por la solidez de lo que Schein denomina la cultura empresarial.

Hablamos de problemas, de que otra cosa pueden hablar los comunicadores sociales. Hablamos de la inserción de los estudiantes del último año en las empresas y de su función cuando se gradúen que consiste, ante todo, en resolver problemas y no en crearlos, como sucede cuando un graduado nuestro se empecina en demostrar el tamaño de sus conocimientos teóricos, no siempre fértiles cuando se les contrasta con la realidad. Concordamos en que algunas empresas desconocen el concepto cultura organizacional y lo aplican; otras lo conocen teóricamente y no lo aplican.

La empresa cubana anda dando vueltas, eso lo apunto yo. La economía vive entre sobresaltos; los bloqueos la constriñen. Acuden a la planificación y eso es imprescindible porque no planificar significa planificar un fracaso, como dicen en Relaciones Publicas. Sin embargo, conviene alertar no tanto sobre los esquemas, que son necesarios, sino sobre el esquematismo, que es un vicio. En el contexto cambiante en que vivimos a veces hay que improvisar, mas hasta la improvisación requiere de estudios preliminares y controles. Si, en determinados momentos, una Revolución auténtica como la nuestra no hubiera improvisado, no habría sobrevivido.

Retomo el diálogo con Ramiro Remón, el jefe del Departamento de Comunicación Social de la Universidad de Oriente. Si las cosas no caminan, dice, hay que enderezarlas y si caminan hay que aferrase al camino. Definimos desde la experiencia y los estudios realizados algunos problemas comunicativos presentes en las empresas santiagueras. Elaboramos un listado, consideramos elementos que nos parecen significativos. No establecemos niveles de prioridad porque varios de los asuntos están conectados entre sí.

Hablamos de la carencia de una comunicación institucional sólida, lo cual afecta la imagen y compromete la identidad; de excesivos formalismos; de iniciativas concebidas al margen de estudios de factibilidad; de medidas que desconocen al cliente, quien suele ser el primer perjudicado; de escasa retroalimentación, del menosprecio hacia la comunicación informal la cual, por su espontaneidad y por nacer de la base, debe ser considerada antes de decidir; de reunionismo y burocratismo. Creemos que para afrontar con éxito estas debilidades el apoyo en la comunicación es necesario.

Uno escucha a un jefe vinculado con la Comunicación Social y piensa que sí, que hay muchos problemas que no podemos resolver, solo mitigar; y piensa que no, que si trabajamos de conjunto a pesar de los bloqueos marchamos hacia remedios definitivos. Uno piensa que sí y que no, es decir: que ante las dificultades vale la pena recurrir a la comunicación como un participante en las soluciones que necesitamos; la solución de problemas no es asunto exclusivo de las empresas: las empresas santiagueras no pueden andar por un lado y la comunicación por otro.

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