José Martí, inspiración perenne

Santiago de Cuba, 2 de mar.- “No son muchos los pueblos que pueden encontrar su alma en la vida de un héroe, o mejor aún, en la de un ser humano que con sus actos alcanzó una altura ética capaz de iluminar toda una nación”, expresaba Yusuam Palacios Ortega, un joven cubano martiano hasta la médula.

Y argumentaba: “No son muchos los pueblos que tienen como guía espiritual a un hombre como José Martí. Somos dichosos de vivir en la tierra que lo vio nacer, fraguar su carácter revolucionario, apropiarse de la justicia y realizarla, ascender a la inmortalidad”.

Era como una convocatoria a convertirlo en inspiración perenne, a tenerlo presente todos los días, no solo el 28 de enero, cuando nació en 1853, en la calle Paula, en La Habana, ni el 19 de mayo, día aciago en que cayó heroicamente en combate en Dos Río, en 1895, en gesto sublime de su lucha tenaz por la independencia de la Patria. 

Era una hermosa alerta a no permitir nunca que su legado se cubra de polvo, a no descuidar jamás en la vorágine de la cotidianidad los espacios y formas disímiles de honrarlo, para ser enteramente martianos de pensamiento y de acción.

 Y realmente el más universal de los cubanos sigue renaciendo, creciendo ante los ojos de los niños y las niñas que aprendieron a amarlo y lo veneran ante el busto erigido en la escuela, o desde las páginas de la Edad de oro, donde entre otras lecciones les enseñó que un niño limpio y aseado será siempre hermoso.

Lo perpetúa en la memoria del pueblo aquella imagen estremecedora del niño de Ciego de Ávila que, luego del devastador huracán Irma, lo rescató de las aguas y del lodo y lo abrazó amorosamente entre sus brazos para salvarlo otra vez y siempre.

O como dice la pionera de quinto grado, Karolina González, “yo lo tengo en el corazón y me siento muy orgullosa porque mi organización lleva el nombre de José Martí, por eso nuestro deber es rendirle tributo siendo buenos estudiantes y buenos hijos de esta Patria libre que él nos regaló con su lucha”.

En el pedestal que merece un héroe de su estirpelo tienen los jóvenes que desde las aulas, el surco, la fábrica, el hospital, y hasta en las tierras hermanas donde cumplen altruistas misiones, levantan la bandera del decoro y la ética que bien conocen desde las prédicas del Apóstol de la independencia de Cuba.

Renace Martí en los jóvenes de la Generación del Centenario, dispuestos a morir para que él siguiera viviendo en el alma de la nación; vive el guía político de ese otro grande de nuestra historia, Fidel, su mejor discípulo, que llevaba en el corazón las doctrinas del Maestro cuando pronunció el alegato La Historia me absolverá, en su defensa y de sus compañeros de lucha por los sucesos del Moncada, el 26 de julio de 1953.

Lo tiene bien presente Cuba y Fidel, quien dijo en una ocasión que esta Revolución solo podrá ser derrotada por nosotros mismos el día en que por la desmemoria, la soberbia o el egoísmo olvidamos que lo que está y estará por completarse en esta tierra es el programa humanista y revolucionario de José Martí.

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