Juan Almeida Bosque: Un hombre de ética
“Aquí no se rinde nadie, carajo”.
Santiago de Cuba, 11 de sept. – Esta es una frase que tiene su valor en Cuba, y los santiagueros en específico la sentimos muy hondo cada vez que llega un momento para resaltar el patriotismo y la fe en el porvenir por muy duras que sean las circunstancias.
Y aunque hoy asociamos esa frase con el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, fueron muchos años en que la generación de los años 60 creció escuchando las anécdotas de la valentía de otro de los intrépidos expedicionarios del Yate Granma, de Camilo Cienfuegos Gorriarán, y se afirmaba que esas ardientes y corajudas palabras él las había pronunciado para que sus compañeros continuaran en pie de lucha.
Almeida estaba ahí presente para decir la verdad de un momento que fue de Patria o Muerte, pero dejó por años que el mérito recayera en su compañero de lucha, porque también Camilo fue de los que siguió adelante para hacer realidad los ideales por los que Fidel, Raúl y el resto de los combatientes habían regresado a Cuba en 1956.
Fue en el libro histórico ¡Atención! ¡Recuento! escrito en 1997 por Almeida Bosque donde él relataba la verdad sobre los primeros acontecimientos ocurridos luego del Desembarco de los expedicionarios del Yate Granma. Al exponer los hechos del Combate de Alegría de Pío, ocurrido el 5 de diciembre de 1956, narra de este momento…
Juntos llegamos al montecito del Estado Mayor. Aquí vemos a [José] Ponce recostado a un árbol, está embarrado de sangre y me hace señas para mostrarme el lugar donde está herido. Más adelante otros, boca abajo en el suelo, avanzan tratando de salir.
Miro a un lado y encuentro a Che herido en el cuello. Está sentado, recostado a un árbol de tronco fino. Junto a él, su fusil, una mochila grande con los medicamentos e instrumental médico y una caja metálica de balas. Me tercio el fusil en bandolera, saco la pistola-ametralladora, le pongo el culatín y comienzo a disparar hacia el lugar donde veo cómo se mueven los guardias de la tiranía y desde el cual nos tiran
Uno de ellos grita:
—¡Ríndanse! ¡Ríndanse! —a lo que respondo
—i Aquí no se rinde nadie, carajo!
Así de grande fue en vida Juan Almeida Bosque, el hombre de ética, el enamorado de la Revolución y de la vida, el compositor que con su pluma y su talento escribió hermosas canciones como La Lupe y Ese camino largo para dejar toda la belleza de su pensamiento en la obra artística.
El 11 de septiembre de 2009 cerró sus ojos Almeida. El pueblo de Santiago de Cuba honró a este hombre y le dio el último adiós en su travesía sin regreso hacia el municipio Tercer Frente, donde fueron inhumados sus estos.
Pero en este pueblo él dejó su bondad, su sinceridad, su amistad y su amor sin límites. Por ello siempre se le recuerda.

