Juan Almeida: De la Revolución, su guardián y su cantor

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Santiago de Cuba, 20 de dic.- A casi 60 años del triunfo de la Revolución evocamos al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, devenido una de las personalidades históricas más queridas de la nación,quien, entre las muchas condecoraciones que premiaron sus méritos, ostentó la Orden Máximo Gómez de Primer Grado y relució  la Estrella de Héroe de la República de Cuba sobre su pecho de poeta y combatiente.

En ocasión del aniversario 60 de esa gesta heroica del cuartel Moncada, de la cual Almeida fue uno de los osados asaltantes, le nació otro centinela a la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, con el emplazamiento de una imagen gigante de él a un costado del Teatro Heredia, en Santiago de Cuba.

Desde entonces se siente más honrada la tierra que lo cautivó desde el primer día y le entregó un especial cariño, el mismo que él le reciprocó con creces, expresa Enna Oliva Martínez, quien trabajó varios años a su lado y supo de su ardiente pasión en los trajines de constructor de la Patria nueva.

La representante de la filial de la editorial Pablo de la Torriente en Santiago de Cuba añadió  que el General de Ejército Raúl Castro significó una vez que Almeida era el combatiente que más se parecía a Maceo, y ahora la historia ha unido en una plaza a los dos genuinos héroes, orgullo de los santiagueros.

Destacó que el guerrillero de la Sierra Maestra se encumbró otra vez para darle la mano al valiente general de las guerras independentistas de Cuba en el siglo XIX, y ser fiel guardián ante quien intente dañar la tranquilidad y la paz de la Isla.

Como para acentuar la estirpe de Almeida, la citada obra lleva la inscripción Aquí no se rinde nadie, frase convertida en uno de los símbolos de la Revolución que él pronunciara durante el combate en Alegría de Pío, en diciembre de 1956, bautismo de fuego del futuro Ejército Rebelde con Fidel Castro al frente.

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Para el reconocido compositor RodulfoVaillant fue ideal colocar la imagen en un sitio emblemático de la cultura y entorno patriótico de perpetuo diálogo con el Titán de Bronce, ya que su legado va más allá de la lucha revolucionaria, al  incursionar en el arte como escritor y compositor musical, con más de 300 canciones.

Almeida ofreció a Santiago de Cuba todo su sentir creador, muchos de sus temas fueron hechos aquí y debido a su apoyo, por ejemplo, reapareció la agrupación de ChepínChoven y se formó desde esta tierra la orquesta Irakere, señala.

Presidente de la Unión de Escritores y Artista de Cuba en la provincia santiaguera, Vaillant refirió que con razón se afirma que Almeida, como Heredia, fue un cantor de la Patria, al poner poesía en cada obra edificada, y también música para reflejar la alegría del pueblo.

El expedicionario del Granma y mítico guerrillero es de esos hombres excepcionales, que desde las privaciones de su cuna humilde, en el reparto Los Pinos de La Habana, creció y se forjó con los más altos valores de un hijo que lucha por la libertad de su nación.

Bravura y entereza distinguieron su impronta en el combate, fue nombrado Comandante en febrero de 1958 y cumplió por orden de Fidel Castro, la misión de organizar y dirigir  el III Frente Oriental Mario Muñoz, del que fue su único jefe, para potenciar la ofensiva hacia la soberanía nacional en los días finales de la guerra.

Al triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, asumió nuevas responsabilidades como miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba  y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por la tierra santiaguera, y prestó otros innumerables servicios a la Patria.

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Para honrar a un hombre de tanta sensibilidad y amor hacia sus compatriotas nunca faltan flores en el mausoleo erigido a su memoria en la cima de la loma de La Esperanza, en el municipio santiaguero de Tercer Frente, donde fueron depositados sus restos tras fallecer en La Habana, el 11 de septiembre de 2009, y recibir los honores merecidos.

En su Santiago el tributo póstumo fue conmovedor, cuando al paso del féretro cubierto con rosas blancas y la Bandera cubana el pueblo en las calles lo lloraba y cantaba al compás de La Lupe, frente al Antiguo Ayuntamiento, o de otras de sus sentidas obras rumbo a la Plaza de Marte o a la Ciudad  Escolar 26 de Julio, en el otrora cuartel Moncada.

Las estoicas montañas de la Sierra Maestra custodian sus cenizas, las de su padre Juan Bautista, su madre Rosario Teudola y de muchos de sus compañeros caídos en diversas acciones combativas, quienes desde el mármol contemplan a un pueblo capaz de salvaguardar la soberanía que ellos forjaron al precio de la vida.

Por: Aída Quintero Dip

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