La autoestima en los adolescentes con discapacidad intelectual

Santiago de Cuba, 30 de sept.- La orientación de la personalidad de los adolescentes con discapacidad intelectual, hacia la futura existencia  sociolaboral debe direccionarse de manera que esta sea una formación los convoque a sentirse satifechos de si mismos.

El tránsito de la adolescencia a la juventud, en el cado del discapacitado intelectual se encuentra en muchos casos, por no ser aboluta, marcado por alteraciones psicológicas diversas, asociadas con la imagen que ello tienen de sí mismos y cómo lo ven los que les rodean.

Una buena dosis de autoestima en el adolescente discapacitado intelectual es uno de los recursos más valiosos de los que este puede disponer. Un adolescente con autoestima aprende más eficazmente, desarrolla relaciones mucho más gratas, está más capacitado para aprovechar las oportunidades que se le presenten, para trabajar productivamente y ser autosuficiente, poseer una mayor conciencia del rumbo que sigue. Y lo que es más, si el adolescente termina esta etapa de su vida con una autoestima fuerte y bien desarrollada podrá entrar en la vida adulta con buena parte de los cimientos necesarios para llevar una vida productiva y satisfactoria.

Un adolescente discapacitado intelectual con autoestima:

  • actuará independientemente
  • asumirá sus responsabilidades
  • afrontará nuevos retos con entusiasmo
  • estará orgulloso de sus logros
  • demostrará amplitud de emociones y sentimientos
  • tolerará bien la frustración
  • se sentirá capaz de influir en otros

Además de la escuela, la familia y la comunidad, tienen la obligación de ayudarlos a desarrollar de manera pertinente su autoestima, provocando en ellos situaciones beneficiosas, todo lo cual les permite reforzar los recursos necesarios para la vida adulta.

Para los adolescentes discapacitados intelectuales es necesidad impostergable poder fraguar su identidad y sentirse bien consigo mismo. Por tanto, si ellos pueden satisfacer tal necesidad a su debido tiempo podrán seguir adelante y estar listos para asumir responsabilidades en la vida adulta.

El análisis anterior se encamina a que es ineludible que las familias que conviven con estos adolescentes, así como, la sociedad en general, se apropie debidamente de una cultura de la discapacidad tal, que abra paso a una convivencia más humana con ellos, integrándolos sin lástima, ni rechazo, como bien merecen con vistas a que gocen de una mejor calidad de vida.

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