La bandera cubana y los atletas

Santiago de Cuba, 14 de ago. – En estos días de competiciones en los Juegos Panamericanos de Lima, Perú, cada vez que un compatriota merecía el oro o tenía alguna actuación relevante que lo llevaba al podio de premiaciones,  hice una asociación inmediata con la Ley de Símbolos Nacionales de la República de Cuba, aprobada en el III período ordinario de sesiones de la IX legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Una vez más comprobé con emoción cuánto significa esa bandera de la Estrella Solitaria para quienes la respetan, la veneran y también la honran, al sintetizar lo más auténtico de la identidad cubana junto con los otros símbolos de la Isla.

Cuando los atletas ganan en buena lid en sus respectivas disciplinas, todos invariablemente se aferran a la bandera; unos la contemplan con ojos humedecidos desde lo más alto del podio,  y algunos, con el pecho rebosante de júbilo, entonan las vibrantes estrofas del Himno de Bayamo.

Al saberse ganadores o tener la certeza de una medalla de plata o bronce para regalarle a su pueblo,  casi todos alzan la Enseña Nacional hasta donde sus manos pueden alcanzar, mientras otros se la ponen al hombro en son de abrazo para honrarla así de esa forma íntima y conmovedora.

Puede ser el flamante campeón, abanderado de la delegación de Cuba, Mijaín López, quien se agenció su quinta medalla en estas lides, o el jovencito santiaguero Luis Enrique Zayas que sorprendió gratamente con su medalla de oro en salto alto, ante la mirada feliz de su ídolo Javier Sotomayor.

Pudieran  ser  otras glorias panamericanas  con sus inobjetables títulos comoIdalys Ortiz (judo), Julio César La Cruz (boxeo),Ángel Fournier (remos),Yaimé Pérez (lanzamiento del disco),  Juan Miguel  Echevarría (salto de longitud), Yarisley Silva  ( salto con pértiga), Ismael Borrero (lucha) y  Jorge Félix Álvarez (pistola de tiro rápido).

Ellos  como protagonistas de proezas inolvidables para su vida deportiva hacen partícipes a sus compatriotas de esos momentos sublimes, y aquí, en la Patria hombres, mujeres y niños desde la pantalla los miran orgullosos, disfrutan de sus actuaciones, lloran ante una faena meritoria o ante la imposibilidad de obtener la victoria.

Nuestros atletas, tanto los campeones panamericanos de esta edición, los medallistas y los que regresan sin preseas en su pecho rindieron honores a los símbolos sagrados de la nación que son frutos del sacrificio y la rebeldía.

Con sus actuaciones  veneraron no solo la Bandera de la Estrella Solitaria, el Escudo de la Palma Real y el Himno de Bayamo que constituyen los símbolos nacionales que representan a la nación, sino también al pueblo que los sigue y los admira.

Todos encierran valores y legados, alimentan el espíritu y de hecho lo fortalecen para dar  paso a una vida de entrega y a las acciones más heroicas, que sin esa fuerza tal vez seríamos incapaces de asumir o protagonizar.

Salvaguardartan rico legado constituye el mayor y gran desafío ante un mundo globalizado y frente a un imperio que quiere hacer prevalecer su hegemonía a toda costa.

Para gloria de Cuba sus  atletas dieron un hermoso ejemplo en estos días de competiciones en los Juegos Panamericanos de Lima, en Perú, donde la Isla ocupó el quinto puesto por países, con 33 preseas doradas,  27 de plata y 38 de bronce.

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