La batalla por Santiago de Cuba

Tierra de hombres y mujeres a los que el General de Ejército Raúl Castro Ruz ha llamado «vencedores de huracanes, terremotos y epidemias», Santiago de Cuba pone toda su entereza en barrer cualquier vestigio que pueda contribuir al rebrote de la COVID-19, que en una verdadera batalla enfrenta hoy sin reposo.

Sí, «barrer, barrer, barrer», repite insistentemente el primer secretario del Partido en la provincia, Lázaro Expósito Canto, porque como mala hierba al fin, el SARS-COV-2 vuelve a la primera oportunidad, y más que exceso de confianza, fue la irresponsabilidad de unos pocos en Altamira lo que provocó su explosión en ese consejo popular.

Lejos de quedar a la deriva, de inmediato sus pobladores han contado con el acompañamiento de las autoridades, especialistas de la Salud y el pueblo santiaguero, quienes aun bajo las últimas lluvias de la tormenta tropical Eta, asumieron el desafío con una cuarentena que, a punto de concluir las dos primeras semanas, ha logrado contener una situación que llegó a sumar 30 nuevos casos.

Detrás de la cinta amarilla y negra que los aisló de la cotidianidad citadina, el altamireño Yunier Riquenes García testimoniaba en las redes digitales: «miro por la ventana a los médicos, enfermeras, a jóvenes que hacen llegar módulos de alimentos a los hogares, y medicamentos a quienes las necesitan, al personal de servicios comunales en la higienización, a policías que no abandonan sus puestos».

Con aspersores de la lucha antivectorial, carros cisternas de Aguas Santiago, el Cuerpo de Bomberos, medios especializados de Comunales y la Empresa Eléctrica, apoyados por agentes de orden público, la tropa dirigida por Virgen Alfonso Rodríguez, coordinadora del Poder Popular municipal, convirtió la desinfección de aquel epicentro en la dirección principal del combate.

De igual forma, Elsa María Carrión León, otra directiva del municipio, cuyo Consejo de Defensa encabezan también dos mujeres, Niurka Bell Calzado y Yuneydis Hechavaría Batista, asumió el aseguramiento de la venta del pollo, carne de cerdo, aceite, yogur, viandas, frutas, mermeladas, detergente, cloro, hipoclorito y demás productos que hicieron llegar a cada hogar.

Pero en hombros de la indisciplina de algunos moradores o facilitado por violaciones que involucran a viajeros internacionales, el virus hizo presencia en otros puntos de la ciudad, donde no ha temblado la mano, para en condición de focos, prevenir eventos intensificando las pesquisas activas, las labores de desinfección, el número de pruebas de PCR y la vigilancia en general.

En buen cubano, el combate es permanente. Desde el nivel provincial a zonas de defensa, se profundiza en las encuestas epidemiológicas para detectar todo contacto de casos positivos, y la capacidad de aislamiento aumentó en el hospital Ambrosio Grillo, el de campaña de Veguitas, los hoteles Birret y Bahía, las facultades de Idiomas y de Ciencias Médicas, y el politécnico Pepito Tey.

«Sabemos –sentenció la gobernadora, Beatriz Johnson Urrutia–, que hay síntomas de cansancio en algunos compañeros y compañeras, porque en esta pelea no ha habido tregua, pero seguiremos haciendo todo lo necesario, pues eso da seguridad para nuestro pueblo, da prestigio y confianza en la victoria que, de los santiagueros, esperan todos los cubanos».

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