La COVID-19 se puede detener en Cuba si cada cual hace lo que le corresponde

No podemos estar satisfechos con los resultados que exhibe Cuba en el enfrentamiento a la COVID-19. Jamás pensé que con el protagonismo de los principales dirigentes del país, el nivel de información que recibe el pueblo, las orientaciones de qué hacer para evitar el contagio, y la labor de los profesionales de la Salud y de nuestros científicos, el país llegara a tener tan difícil situación con una pandemia que resulta hasta hoy incontrolable.

Cada mañana nos mantenemos a las expectativas de cómo estará la estadística del día y en realidad sorprende que por ejemplo en lo que va de esta semana, y ya hoy es viernes, pasen de mil los contagiados cada día. Algo no estamos haciendo bien.

Es cierto que en el país circulan cepas del SARS COV 2 más agresivas para el contagio y para la muerte, pero ello por sí solo no justifica tan elevado nivel de transmisión y la cantidad de fallecidos a lamentar cada día.

Las fórmulas para revertir el complejo cuadro epidemiológico que tiene el país cuando hablamos de la COVID-19 cada cual las conoce muy bien y hasta los más pequeños saben normas elementales como el lavado de las manos y del naso buco sobre todo si salen de casa. Por ese motivo vale la pena que cada cual se examine sobre su comportamiento cotidiano, y llegue a sus propias conclusiones.

Cuando nuestros dirigentes dialogan con este pueblo, por lo general hablan de cuanto se hace para proteger a cada ciudadano. Las mayores explicaciones son para hacernos conciencia sobre nuestra disciplina; para darnos aliento y esperanza con las investigaciones que avanzaron hasta tener 5 candidatos vacúnales, y tres de ellos, Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus dando ya que hablar hasta a nivel internacional.

Sin embargo hasta ahora, ninguno de nuestros dirigentes se ha detenido a poner en primer lugar los argumentos de la cuantiosa cifra económica invertida en este enfrentamiento a la COIVID-19 aunque estamos convencidos que es millonario el gasto. Solo pensemos en lo que significa haber atendido en nuestros hospitales a 129 mil 346 pacientes diagnosticados con esa enfermedad hasta el pasado 19 de mayo. Cada uno de ellos ha llevado un aseguramiento que resulta costoso aunque aquí el servicio asistencial lo recibe gratis.

Es cierto que enfrentar esta pandemia por el prolongado tiempo de un año y dos meses, agobia. Sin uno notarlo pierde la percepción del riesgo y se acostumbra a vivir con el temor del contagio en cualquier momento y llega hasta no importar lo que nos ocurra porque hay que seguir con las gestiones para comer, intercambiar con familiares y amistades, vestir y hasta para recrearse.

Sin embargo las circunstancias nos llaman a ser menos individualistas y a pensar primero, que si uno se enferme pone en riesgo a la familia; pero además, puede causar la transmisión en un centro laboral, en la cuadra; contribuye a que empeore el cuadro higiénico de su localidad y del país, y encarece mucho más el gasto que va causando esta pandemia.

Algo que resulta ético pensar, en que cada cual debe sentir respeto al trabajo de médicos, enfermeros, técnicos, de los científicos y de las miles de personas que voluntariamente se arriesgan para ponerle fin a este mal momento con la inmediatez requerida, porque aún está por validar la efectividad de los candidatos vacunales ante la COVID-19.


Si cada cual cumple disciplinadamente con lo que le corresponde, podemos estar seguros que Cuba podrá vencer esta batalla ahora, aunque erradiquemos luego los efectos de esta pandemia cuando el ciento porciento de la población esté inmunizada contra un virus que ha causado ya unos 840 fallecidos en Cuba y más de 3 millones 426 mil muertes en el planeta.

Deja una respuesta