La crítica y las manos en el corazón

Santiago de Cuba, 26 de ago.- La crítica es un ejercicio democrático necesario; para ejercerlo con seriedad hay que ponerse las manos en el corazón. Solemos circunscribirla a la actuación de las autoridades y al funcionamiento de los medios de comunicación, su habitad social y, aunque reconocemos que en la última década los medios han crecido en su contribución al abordar con solvencia problemas que fueron tabúes, aún estamos inconformes, y  las inconformidades de hoy pueden alumbrar las certezas de mañana.

Si queremos que el proyecto de nuevo modelo económico social del país, ya en marcha,  fructifique y continúe su vigoroso desarrollo, cuando sea necesario habrá que someterlo a  la crítica oportuna, esa que se ejerce desde dentro, con responsabilidad, sin temores y sin excesos. Recuerdo un lema de principios de la Revolución que rezaba: no critique y coopera. Era otro contexto. Quizás ahora la divisa deba ser: critica y coopera, y hacerlo con la mesura que demandan los procesos de cambio, sin irnos a los extremos a los que somos adeptos.

Heriberto Cardoso, maestro de varias generaciones de periodistas afirma: «Debemos admitir que la realidad que nos rodea es siempre problèmica y que observarla o asumirla de manera unilateral, solo en positivo o negativo, constituyen limitaciones  que nos llevan a la apología o al hipercriticismo”. Cardoso se refiere al periodismo de investigación, pero su reflexión es válida para todo el periodismo, para los servidores públicos en general  e incluso para la población como totalidad.

Si es así: ¿Por qué no  imbricamos más el tema de la crítica con el barrio? En el barrio la crítica convive con la gente, con la mayoría de la población; es cotidiana y hasta sorprendente, porque se alimenta directamente de la realidad, de carencias y mal formaciones, de informaciones inapropiadas y errores en el desenvolvimiento de empresas e instituciones, de las justificaciones poco convincentes de algunos funcionarios públicos que culpan de todo al bloqueo, que repudiamos porque es injusto y nos afecta, pero saben que hay problemas que tienen otras causas.

Sucede que la falta de crítica oportuna deja espacios vacíos que el barrio intenta cubrir con inmediatez, con el desenfado del comentario popular que debe tenerse en cuenta aunque lacere, pues tiene una gran capacidad de trasmisión, de sensacionalismo –que concita el interés de muchos – y a veces de sabrosura. Creo que el diarismo popular anda en ventaja respecto a los medios, Pero, cuidado, la crítica es asunto de alta seriedad y no puede reducirse a un simple acto de catarsis.

El barrio construye su propia narrativa, tiene su propia manera de contar las cosas y cuando carece de informaciones oportunas y  argumentadas, esa narrativa pierde la objetividad yse convierte, en el mejor de los casos, en especulación inofensiva. Mas, puede ser peor: con la fuerza que tiene,  la imaginación popular tiende no solo a desvirtuar la realidad, sino a inventarla. Las especulaciones por las manifestaciones de violencia en los carnavales pasados es un ejemplo elocuente.

La crítica es una herramienta social formidable y hay que utilizarla con tino. Cuando los instrumentos se usan inadecuadamente pierden el filo o se rompen. El ejercicio del criterio con justeza y responsabilidad  es una herramienta  indispensable. La crítica mal utilizada se convierte en una víbora, en una oportunidad para los hipercríticos, a quienes no aplaudimos, pero no podemos soslayar porque son nuestros.Quizás el modo más inteligente sea  atraerlos a partir de la comunicación eficiente.

Digámoslo de una vez: la crítica es un medio, no un fin: bien concebida puede ser protagonista en un escenario donde  hay mucho que hacer, defender y preservar. Y cuando no sea la que necesitamos como proyecto país, habrá que criticar a la crítica desde lo más hondo, con honestidad y altura, con las manos puestas en el corazón.

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