La edad de la inocencia.

Foto de Cubadebate

Santiago de Cuba, 25 de ene.- Ale, con solo cuatro años nos enseñaba sobre psicología, física y medicina. No era un niño prodigio…no, pero con cada paso nos obligaba a investigar.

Los trastornos de la personalidad empezamos a estudiarlos cuando encarnó el personaje de El Pidio Valdés y comenzó a llamarle Palmiche a todo el que lograba treparsele a la espalda. Después vino la física, cuando la ley de gravedad le hizo saber de sus efectos no por una manzana, sino al estamparse la barbilla contra el suelo al lanzarse de la mesa.

Entonces comprendió que la tierra lo atraería siempre hacia abajo, aunque su imaginación tocara las nubes. Los conocimientos médicos los obtuvimos en el transcurso…que si la salida de los dientes les da fiebre…que si el calor les provoca erupciones en la piel.

Justo es reconocer que más parecíamos druidas que doctores buscando hojas medicinales para los problemas de digestión y otras muchas cosas.

¿Pero quién no se ha visto en esta situación?

Cada niño es un conquistador que planta su bandera de sonrisas, miradas tiernas y besos, doblegando las voluntades de todos los que le rodean. A nosotros, los ya mayores, solo nos queda contemplar cómo la niñez se les escapa con los días y aquella inocencia primera se les escurre sutil.

Pero mientras dure el hechizo de sus guiños y ocurrencias, en ese instante que demoran en volverse grandes… seamos sus cómplices de travesuras, pues ellos, son duendes que abren la ventana del espacio-tiempo para regalarnos la oportunidad de volver al precioso momento de la ingenuidad.

Por: Laritza Moya Rodríguez.

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