La educación familiar y las adicciones en los adolescentes

Santiago de Cuba, 9 de oct. – La educación sobre las adicciones es una necesidad social, pues a las nuevas condiciones económicas, políticas y sociales de nuestra sociedad le corresponden nuevas formas de manifestar de conducir y fomentar una cultura de rechazo a las drogas, donde nuestros adolescentes conozcan los daños que estas provocan en la salud.

Esta tarea se acrecienta aún más para las escuelas cubanas, si tenemos en cuenta que las concepciones que debemos tener para prevenir el consumo de las drogas apoyándonos en potente fuerza ideológica en nuestra sociedad y en las familias. Por ello la educación  a la prevención de las adicciones, se convierte en una necesidad insoslayable en la educación política-ideológica de la personalidad de las nuevas generaciones.

No cabe dudas que muchos de los problemas actuales que se afrontan en nuestro país en la esfera de las adicciones, se refieren de uno u otro modo a la deficiente preparación de los adolescentes para la prevención de la adicción el poder decir NO A LAS DROGAS y poca preparación de las familias que no sabe qué medidas tomar ante esta situación.

La discapacidad intelectual es susceptible al consumo pues muchas veces carece de opinión propia y se deja llevar  en ocasiones  por individuos que alientan al consumo y de aquí que la educación con estos escolares debe ser más certera y debe estar unida en un solo ente la familia y la escuela Por lo que proponemos un manual que responda algunas de las interrogantes  que pueden tener los padres de estos adolescentes.

Estas concepciones de educación familiar referido a las adicciones y forma de prevenirlas que se quiere compartir se concibe en tres etapas:

  1. Diagnóstico y sensibilización
  2. Planificación de las actividades para la orientación familiar
  3. Evaluación del proceso orientativo

Diagnóstico y sensibilización: En esta etapa se precisa conocer el estado actual de los conocimientos previos que posee la familia, respecto a la labor educativa para con sus hijos e hijas adolescentes discapacitados, con vistas a poder contribuir al perfeccionamiento de su modo de actuación.

Las diferencias reveladas entre el estado real y el ideal a alcanzar por los familiares mediante el diagnóstico participativo, originará una contradicción que pondrá a la luz la dirección a seguir en el proceso pedagógico para la orientación familiar, que serán resueltas en la misma medida en que se satisfagan las necesidades educativas diagnosticadas.

Planificación de las actividades para la orientación familiar: La importancia de la planificación de las actividadespara la orientación familiar contribuir al fortalecimiento y desarrollo de los conocimientos, habilidades y valores  que dan cuenta de un mejor desempeño de estos en la orientación  para la prevención del consumo de drogas sus hijos e hijas con discapacidad intelectual.

Evaluación del proceso orientativo: Se relaciona de manera importante con el de sensibilización y diagnóstico y planificación de las actividades para la orientación familiar, en un espacio donde se encontrarán puntos coincidentes y divergentes,  todo lo cual enriquece los conocimientos adquiridos, estimula el intercambio mutuo entre los mismos,  la cooperación y la socialización de los saberes.

El mismo es donde se promueve por tanto, la generalización formativa de los conocimientos, habilidades y valores adquiridos, todo lo cual posibilita un nivel cualitativamente superior de perfeccionamiento de los modos de actuación de los familiares para con sus hijos e hijas adolescentes con discapacidad intelectual.

La evaluación es participativa y cooperativa, coherente con los conocimientos significativos que el proceso orientativo les pueda propiciar a las familias con hijos adolescentes discapacitados, en un proceso dinámico de reflexión crítica y autocrítica de la práctica cotidiana. La evaluación permite establecer criterios con respecto a la construcción de conceptos, procedimientos y actitudes, y por tanto, realizar las correcciones pertinentes que proporcionan los elementos necesarios para la retroalimentación y modificación del proceso educativo, como proceso de diálogo, comprensión y mejora, en correspondencia con los objetivos previstos y los resultados alcanzados, a partir de:

  1. Autoevaluación de cada familia.
  2. Coevaluación entre las familias.
  3. Heteroevaluación o evaluación externa entre los participantes.

La autoevaluación de cada familia porque es su participación directa en la evaluación de la apropiación y aplicación de su conocimiento, como participante activo dentro del proceso orientativo, en un enfoque congruente como capacidad de autorregulación, ya que promueve la reflexión acerca de la construcción de sus conocimientos, la reflexión en la acción y de los resultados logrados en la práctica. La autoevaluación es autocrítica y enriquece la propia práctica sistematizada.

La coevaluación entre las familias porque les da la oportunidad de observar y evaluar el desempeño de los demás, como práctica relevante que les permite aprender a autorregularse y a contemplar la evaluación como acto formativo.

La heteroevaluación o evaluación externa porque en su carácter individual es realizada por cada participante implicado en el proceso orientativo, de acuerdo con su patrón de resultados, el que construye desde sus propósitos y cultura del rechazo a la drogas

Deja una respuesta