La escuela, templo del conocimiento y de las virtudes

Santiago de Cuba, 20 de may. – La escuela constituye un sitio imprescindible en la vida de cada alumno, de cada maestro, de la familia, de la comunidad donde está enclavada y de la sociedad en general, porque allí se inicia la formación de manera integral de los hombres y mujeres que llevarán sobre sus hombres el destino y progreso de la nación.

Ese lugar debe ser sagrado y necesita que quienes le dan sentido lo  conviertan en templo del conocimiento y de las mejores virtudes del ser humano, al tiempo que la sociedad no debe escatimar esfuerzo alguno por reconocer a los que se dedican a la hermosa misión de enseñar y educar.

Estas y otras premisas se han puesto de relieve en los últimos encuentros del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez,  con directivos de ese sector que ya se empeña en los preparativos del venidero curso escolar.

Los enormes desafíos de hoy en todos los ámbitos reclaman un afán de superación constante de los docentes, en aras de contar con profesionales más competentes, pues la educación es el principal instrumento para la transformación espiritual de los seres humanos.

 El carácter humanista de la educación en la Isla necesita cada vez más de un pedagogo integral que ayude en la evolución de la sociedad y reflexione críticamente en torno a ella, con elevados valores éticos, constancia y espíritu de superación, buscando siempre mayor calidad en su responsable quehacer.

Con el propósito de cimentar bien desde ahora el futuro, se hace hincapié en el importante papel que desempeñan las escuelas pedagógicas donde estudian miles de jóvenes para hacerse maestro, que como expresó el Héroe Nacional José Martí es hacerse creador.

La escuela pedagógica Floro Regino Pérez, situado en la otrora Escuela Normal para Maestros de Oriente, donde se formaron jóvenes de firmes convicciones revolucionarias como Frank País y Pepito Tey, es uno de los centros que mantienen estable la cobertura docente en Santiago de Cuba, en su afán de preparar integralmente a los educadores de la primera infancia con nivel medio superior.

Los logros cosechados en esta esfera, reconocidos en el ámbito nacional e internacional, no hubieran sido posibles sin la consagración del maestro, pieza clave y consciente del comprometido puesto que ocupa en el aula y en la sociedad.

Maestros y patriotas nacidos en esta tierra enaltecieron las aulas primero, y después los claustros como Juan Bautista Sagarra Blez, Desiderio Fajardo Ortiz, Francisco Ibarra Martínez, Leocadia Araújo (Cayita), Frank País García, María Caridad Rodríguez Guibert y José Antonio Portuondo Valdor, entre otros.

Haciendo honor a esa herencia, durante varios años el sistema educacional del territorio se ha mantenido en los primeros planos y ha preservado una posición de vanguardia a nivel del país, obra del talento y la dedicación, especialmente del personal docente.

Qué hermosa cantera para guiarse y para beber de su savia tienen los jóvenes que actualmente se inclinan por el magisterio, una profesión que reclama del ardor de la juventud y de esa energía propia de la edad, en unión indisoluble con los de más experiencia, para aportar al futuro de la Patria en tan estratégico campo.

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