La estimulación como método de trabajo

Santiago de Cuba, 13 de may. – En los años 90, cuando comenzó el periodo especial, trabajamos en la Escuela de Turismo de Cubanacán, encargada de formar profesionales para el turismo de Santiago de Cuba y otras provincias orientales.

Los estudiantes atendían los servicios del hotel Los Corales, administrado por la compañía alemana LTI. Los dirigentes del centro docente pensábamos que alumnos y trabajadores estaban bien estimulados, pues tenían excelentes condiciones de trabajo y de vida y facilidades económicas muy superiores a la mayoría  de la gente.

La dialéctica del diálogo con los directivos extranjeros del hotel nos condujo a modificar nuestra opinión. El eslogan del turismo era: “el cliente es lo primero; y para cosechar clientes satisfechos había que contar con estudiantes y trabajadores estimulados, con sentido de pertenencia y comprometidos con la calidad”. Han pasado los años pero no olvidamos la lección.

Los criterios actuales de la comunicación empresarial sobre la atención a los públicos son atendibles. Las empresas existen porque tienen un público interno -trabajadores y jefes de la organización- y otro externo -los clientes. Estos dos públicos deciden los procesos y, por tanto, hay que atenderlos con el mismo esmero. Sin embargo, no es raro encontrar dirigentes que no reparan en este asunto, vital para el éxito de su propio trabajo, y descuidan  la atención del público interno.

La práctica demuestra la necesidad de combinar los estímulos materiales, morales y sicológicos; los jefes que así lo entienden dedican tiempo a sus trabajadores, son exigentes con ellos, pero están atentos a sus buenas acciones, que son oportunidades para reconocerlos, para oírlos, para dialogar con ellos, para fortalecer los mecanismos de participación, su sentido de pertenencia, su compromiso con la organización.

Claro, la estimulación no es privativa del jefe, constituye una responsabilidad colectiva. Es tarea prioritaria para la sección sindical, que debe estar atenta a los problemas de sus afiliados, dialogar permanentemente con ellos. Otra persona influyente en el proceso es el comunicador social, y Cuba ha graduado muchos. No se concibe un comunicador que carezca de una base de datos con las peculiaridades de  sus clientes y trabajadores, y actúe en consecuencia con esa valiosa información.

Reconforta compartir con jefes de instalaciones santiagueras   que saben cómo estimular a sus gentes. Cito solo doscasos que conozco bien; seguramente habrá muchas más entidades que estimulan adecuadamente, y eso es bueno. Estuvimos en el  aniversario 25 del SEPSA y  apreciamos el esmero con que atienden a fundadores y jubilados, un recurso legítimo de la entidad para protegersuhistoria. En EMSERPET, la empresa de servicios petroleros, nos impresionó el modo como la administración garantiza la calidad de vida de sus trabajadores.

Recientemente se celebró el XXI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba. No resulta casual que los delegados –entre ellos 100 santiagueros- se pronunciaran sobre asuntos vitales para garantizar el aporte de los trabajadores a la batalla por la eficiencia económica. Por eso enfatizaron en temas relacionados con el salario, el funcionamiento de las secciones sindicales y otros asuntos vinculados entre sí y articulados con la estimulación.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, insiste constantemente en que en la coyuntura actual las dos prioridades del país son la defensa y la economía y, con su estilo del trabajo colectivo, subraya las proyecciones de trabajo inmediatas y a largo plazo, convoca a la organización exquisita de los procesos en la producción y los servicios, a la cultura del detalle; y en este empeño la estimulación constituye un método insoslayable.

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