La estoica Mariana en la memoria de Cuba

Santiago de Cuba, 29 de nov.- Aunque en Kingston, Jamaica, le llegó a la estoica Mariana Grajales la muerte el 28 de noviembre de 1893, en su natal Santiago de Cuba está definitivamente su tumba siempre con flores para honrar a la madre de todos los cubanos, la mujer valerosa que antepuso a sus sentimientos los anhelos de independencia de la nación.

Precisamente desde el 10 de octubre de 2017 se encuentra en el área central patrimonial del cementerio Santa Ifigenia, junto al Héroe Nacional José Martí, el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes y el eterno líder de la Revolución Fidel Castro, donde Cuba y el mundo rinde tributo a los fundadores de la nación.

Ejemplo excepcional de conducta humana, lo que la coloca en un pedestal en la historia patria, Mariana vio la luz el 12 de julio de 1815 en esta rebelde tierra, sitio que la sintió crecer con una educación ética en el seno de la familia y también la sintió elevarse en estoicismo, cuando con amor de madre y orgullo de patriota, entregó sus hijos a la causa emancipadora.

Un patriota que la conoció muy bien y admiró en los campamentos y escenarios de batallas en la lucha independentista, el mayor general José María Rodríguez Rodríguez (Mayía), enterado tarde de la triste noticia de su fallecimiento, a los 85 años, dijo meses después del suceso unas palabras que la retratan de cuerpo entero:

“Pobre Mariana, murió sin ver a su Cuba libre, pero murió como mueren los buenos, después de haber consagrado a su Patria todos sus servicios y la sangre de su esposo y de sus hijos. Pocas matronas producirá Cuba de tanto mérito, y ninguna de más virtudes.”

Y el gran José Martí resumió en el periódico Patria, ante la muerte de la mambisa:
“¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como la raíz del alma, con suavidad de hijo, y como de entrañable afecto?”.

Es Mariana madre excepcional de Cuba, la que parió, educó hijos virtuosos, y alcanzó la supervivencia a 11 vástagos en el ejercicio de las mejores cualidades humanas, un logro extraordinario que la sociedad debe justipreciar siempre, así la valora el periodista e historiador Joel Mourlot Mercaderes, estudioso de la vida y obra de la familia Maceo-Grajales.

Y es que sugrandeza no reside únicamente en que gestara y pariera una legión de héroes; su estatura se encumbra mucho más al instruir a sus descendientes para que fueran hombres y mujeres de bien, y forjar artífices en la lucha por la independencia de la nación del colonialismo español.

La nombran la Madre de los Maceo, la Madre de todos los cubanos, la Madre de la Patria, y Martí la llamó Mariana Maceo, apellido de hombres valientes, corajudos, de la talla de Antonio y José, inscritos para siempre en la historia; mas, Mariana Grajales brilla con luz propia.

Todo bondad, pero severa en la disciplina, se las ingenió para fraguar una familia sustentada en sólidos valores, unida ante el dolor y la prosperidad. Rebosante de alegría les hizo jurar de rodillas libertar a la Patria o morir por ella, aunque era innegable que su corazón de madre palpitase ante la posibilidad de la muerte de algunos de sus hijos.

Vestigios le dejó ese cuarto de siglo en combate sin interrupción por la soberanía de Cuba desde la pequeña hacienda de Majaguabo, en San Luis, y el peregrinar de 10 años por la manigua redentora, sin un momento de flaqueza, viviendo en cuevas y otros parajes similares a los de los cimarrones, cruzando ríos, subiendo montañas, bajo la lluvia o el sol ardiente.

En su existencia azarosa, pero edificante, ella conservó la dulzura propia de su fecunda maternidad, por lo que se le recuerda con sus ojos de madre amorosa y pañuelo en la cabeza, como si fuera una corona.

Las marianas de estos tiempos la realzan con orgullo porque beben de su savia y ejemplo, y sobre todo consideran que lo más importante es honrarla cada día, para que las nuevas generaciones se pertrechen de su legado y se formen con el espíritu de ella como ser humano y en la educación de sus hijos e hijas.

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