La extraordinaria experiencia de un día cualquiera

Santiago de Cuba, 11 de dic. – Estamos en Santiago de Cuba, la Ciudad Héroe de la República de Cuba. Tenemos conciencia de que se han hecho muchas cosas buenas y que faltan otras por hacer, y debemos perfeccionarlas. Sabemos que las cosas pasan dos veces en la vida: cuando suceden y cuando las narramos. Tú tienes una controversia amigable con el alba y sueles ganarle, levantarme primero que ella. Te despiertas con una idea y sales a la calle con ella: tu país es como un árbol, un cagüairán. El árbol tiene raíces profundas y un tronco. El tronco tiene ramas que se alimentan del aire y exhiben su verdor. Lo demás lo ponemos nosotros. Eso piensas.

Tienes razones suficientes para escribir, dices, y sientes un humanismo sin reservas: hoy estás por encima de las vicisitudes. Sientes que eres inmune a los dolores el corazón y a los vaivenes del sexo. Caminas y piensas en esas cosas. Atraviesas La Rapadura donde acaban de limpiar un basurero irresponsable de última hora, un vertedero improvisado; sonríes. Te animas y vas a la cafetería: la acaban de remodelar, trabaja 24 horas, según dice uncartel muy visible, pero no están vendiendo producto alguno, están en la operación Ofertas cero. No importa, otrodía será, pero necesitas los cigarrillos.

Sigues hasta el Ditúde Palmares situado en Pedrera y Escario. Conoces al dependiente, trabajaron juntos en el Club 300, lo saludas y le pides una caja de Populares. Angel Luis te trae los cigarrillosy  una taza de café. En el exterior de la cafetería hay animación juvenil, en la esquina varios muchachones toman y bailan, menos mal que la música es cubana. Cerca del dependiente hay tres jóvenes menores de 20 años. Están sentados en el piso. El que parece el líder esel único que habla. Pones atención para oírlo comentar sobre la grandeza espectacular de disfrutar por un día del Halloween original. Angel pulveriza tu conato de asombro:

-No le hagas caso, este no ha salido nunca ni del país ni de su casa.

Intrigado permanece unos minutos cerca de los tres jóvenes. El líder tiene un pelado muy extraño: su cabeza parece un periódico o mejor un jeroglífico. Habla con una seguridad atroz, anima las palabras con gestos muy visibles. Solo se detiene cuando uno de sus compañeros le alcanza un vaso plástico con ron. Los otros muchachones cumplen disciplinadamente con su papel de receptores, se mantienen en silencio, atentos: el líder agarra por el cuello las palabras y se las ofrece, se las presta porque él es el dueño. Nada que sin saberlo estos jóvenes ponen en dudas en paradigma de la recepción activa del que tanto alabamos.

Enfilas lentamente hacia el trabajo. Eso de caminar con pies ajenos es riesgoso: tú prefieres caminar con los tuyos, con esos mismos que te llevan a buscar algún timbiriche o cafetería particular: te apetece un bocadito. Pero no, están cerrados. ¿Quién le habrá enseñado que la gastronomía tiene sábados ni domingos ni días feriados? ¿Dónde habrán aprendido tan bien la lección de ineficiencia? ¿En el sector estatal?Continúas hacia carretera Central y calle 4; hay varias cafeterías abiertas. Te detienes en la primera, pides un bocadito y te sirven: aquí el diminutivo está bien empleado.

Llegas al taller de artesanía. Hoy no hay mucho que hacer, porque es domingo, pero siempre hay algo que hacer, es el lema de tu amigo Carlos, el dueño. Te recibe con la misma sonrisa de ayer y de los días anteriores del presente siglo. Su máquinaestá encendida y cuando vas a encender la tuya, te invita a tomar café en lacafetería situada a unos solo cien metros del taller y a unos 300 del antiguo Cuartel Moncada. Son las 7 de la mañana, hora peligrosa porque hay cambio de turno; pero no, una dependienta sirvelos dos café solicitados: el líquido sabe a café.

Retornan al taller. No le cuentas a Carlos tus cuitas porque él las sabe o las intuye. El dueño se sienta frente a su computadora, te pide un cigarrillo, lo prende y comienza a trabajar en un diseño. Todo está bien te dice mientras tú enciendas tu computadora que realimente no es tuya: la instalaron para el trabajo diario y especialmente para que tú escribas cosas como estas. Todo está bien insiste Carlos y se concentra en el diseño de un cartel que le encargó uno de sus clientes estatales. Todo está bien, le dices tú, aunque a estas alturas sabes que tu amigo es incapaz de oír. Cuando diseña se vuelve sordo.

Deja una respuesta