La Huelga del 9 de Abril en el recuerdo de César

Santiago de Cuba, 8 de abr. – A sus 84 años, el combatiente César Garrido Pérez evoca con infinita emoción los momentos vividos en la Huelga del 9 de abril de 1958 en Santiago de Cuba, mediante las acciones desarrolladas por las Milicias Clandestinas a las cuales tuvo el honor de pertenecer.

Respondía así a la Huelga General convocada por el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) como joven revolucionario de la época, junto a otros muchos, que no podían quedarse con los brazos cruzados ni ser indiferentes ante el panorama de la sufrida Patria.

Recuerda que desde el 30 de julio de 1957 en el ambiente de la ciudad solo se escuchaba la consigna de Huelga General, como resultado de la gran afrenta que el vil asesinato de Frank País y su compañero de armas Raúl Pujol había dejado en el alma del pueblo.

Garrido Pérez no ha olvidado nunca la manifestación popular por la muerte del líder clandestino, cuando el M-26-7 se jugó la vida en honor a su entrañable jefe y el pueblo santiaguero demostró su respaldo a pecho descubierto a la lucha que iba tomando matices impredecibles.

Esa condición fue puesta de relieve muchas veces y en circunstancias difíciles, pero ese día tuvo mayor alcance por el desafío frontal a la dictadura, afirma el combatiente.

 Aunque Fidel tenía algunas reservas sobre las posibilidades reales de éxito en ese momento, dice, en marzo de 1958 se convocó a una reunión nacional del M-26-7 en la Sierra Maestra con el propósito de prepararla y se elaboró un documento para la acción  que expresaba:

« […] por el resquebrajamiento visible de la dictadura, la maduración de la conciencia nacional y la participación beligerante de todos los sectores sociales, políticos, culturales y religiosos del país, la lucha contra Batista ha entrado en su etapa final. »

A raíz de esto, señala, se coordinó con el movimiento obrero, aunque no con la efectividad y habilidad política que se demandaba y se activó la resistencia cívica para asegurar sitios de acuartelamiento, escondites, botiquines y medios de comunicación.

Mi puesto en la Huelga del 9 de Abril estaba reservado como miembro de la célula obrera clandestina de la Planta Eléctrica, donde fui a trabajar en enero de 1957 como aprendiz del taller de mecánica y conocí a Héctor Pavón y a otros compañeros de afanes libertarios, subraya César.

También se creó un comité de huelga que funcionó en un apartamento en Rey Pelayo No. 160,  conocido por la dirección del Movimiento como “La Cueva”, en la urbe indómita, donde se acordó que los escuadrones actuaran en sus respectivos sectores, dirigidos Belarmino Castilla Mas, rememora.

Para los primeros días de abril, refiere, la dictadura ordenó la ocupación del centro de la ciudad, sobre todo los edificios altos. De tal manera, a 72 horas de comenzar la huelga, se derribaba uno de los aspectos esenciales para apoyarla.

  Así falló el objetivo de situar francotiradores en los edificios altos para obstaculizar la salida de las fuerzas represivas a la calle, además de paralizar el transporte regando aceite quemado en las lomas y poniendo obstáculos y barricadas.

Pero el movimiento actuó enseguida, recuerda Garrido Pérez, convocó a una reunión en una casa del reparto Sueño. Como suspender la huelga no era posible se acordó un nuevo plan que incluía el ataque al Cuartel de Boniato, luego del estallido de una bomba dentro del Cuartel Moncada.

El día 9 de Abril en horas de la madrugada se realizó el ataque al Cuartel de Boniato, primer combate de la columna No. 19 José Tey  y los combatientes, a la orden de emprender la retirada, lo hicieron hacia el macizo montañoso de la Gran Piedra, donde se reagruparon y luego marcharon al II Frente Oriental.

César rememora que el llamado a la Huelga General Revolucionaria se hizo por CMKC, mediante una grabación entregada a otro combatiente de armas tomar, el locutor de la emisora Noel Pérez, quien la transmitió repetidas veces según las instrucciones recibidas.

En esta rebelde y heroica tierra muchos centros de trabajo, comercios y otras dependencias no abrieron el día 9, mientras los trabajadores se mantuvieron en sus casas o participaron en actividades de la huelga, y otros  centros cerraron al producirse el llamamiento por la radio.

Denotan orgullo las vivencias de César, quien se alzó a finales de 1958 en la columna 10 René Ramos Latour del II Frente Oriental Frank País y después pasó a la 9 Antonio Guiteras del III Frente Mario Muñoz, con la que participó, como miembro de su tropa de choque, en el cerco a Santiago de Cuba, en diciembre de ese año. Hoy tiene el honor de exhibir en su pecho las medallas de la Lucha Clandestina y por los aniversario 30, 40, 50 y 60  de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, muestra de su heroísmo en los tiempos en que tomar partido podía ser motivo para perder la vida.

Deja una respuesta