La juventud no está perdida

Santiago de Cuba, 10 de ene.- «La juventud está perdida». Fue esta la frase que motivó el debate en el espacio previo a la reunión del Comité de Defensa de la Revolución (CDR) de mi localidad. Como era de esperar la tertulia partío de la poca asistencia de los jóvenes a la misma ya que estaban «moviendo el esqueleto» en la fiesta de la otra cuadra.

Aunque mi presencia en aquel lugar, se limitaba sólo a la expectación, surgían en mi interrogantes ante lo que considero es una mera falacia ¿en qué momento olvidamos el papel de los jóvenes cubanos en nuestra historia? ¿Verdaderamente estamos en presencia de una generación perdida? Como periodista quise adentrarme más en el asunto y las respuestas de la mayoría de las personas  (incluso jóvenes) ante estas preguntas, giraban siempre en torno a lo mismo.

Para muchos, nuestra juventud no pasa de ser un grupo de muchachos faltos de carácter, apáticos e incapaces de apreciar el legado y sacrificio de las generaciones precedentes. Sin lugar a dudas,  dichas opiniones exponen una intolerancia que se distancia años luz, de los orgullosos informes que nuestro Parlamento expone cada año aludiendo a la inserción de jóvenes cuadros en sus filas.

 Sin embargo,  no faltó quien hablara con orgullo de los jóvenes de hoy. Una generación que como dijera nuestro Héroe Nacional José Martí «(… )se parecen más a su tiempo que a sus propios padres». Una pauta, en mi opinión, esencial para ejercer cualquier crítica a las nuevas generaciones.  Solo con mencionar  a Antonio Maceo, José  Martí, Mella, Frank País o Fidel, bastarían para que lleguen a nuestra memoria heroicos pasajes de patriotismo y rebeldía. Jóvenes que en su tiempo, dieron lo mejor de sí por la defensa de sus ideales y que, al contrario de desacertadas críticas populares, «no eran perfectos».

Tal como hoy, desde el mismo inicio de la humanidad, ha existido la intolerancia a las nuevas tendencias juveniles, resultado de los propios patrones culturales que rigen el funcionamiento de cualquier sociedad. Incontables serían los ejemplos de este fenómeno en la historia, en el arte, la moda, la música, y la tecnología. Desde las campañas antipreslianas por el auge del Rock and Roll, en las décadas del 40 al 60 del siglo pasado, hasta el rechazo popular que en su momento, generó la aparición de algo tan común en nuestros días como el bikini.

Lo cierto es que los jóvenes, sea cual sea su procedencia étnica, ideología o religión, representan el futuro a mediano y largo plazo de toda sociedad. En el caso de Cuba estamos ante el complejo escenario de una juventud, a la que la Dirección Histórica de la Revolución, ha encomendado la tarea de sacar adelante nuestro Proyecto Socialista de Nación. Sin embargo se encuentra ávida de protagonismo y necesitada de que escuchen sus ideas.

Sin intención de buscarle una quinta pata al gato, decir que en la actualidad, la juventud cubana está motivada como hace 40 años, sin obviar como han cambiado los contextos pero aún permanece la misma ideología, es un ejercicio propio de quien no quiere buscarse «problemas». Ante la casi habitual falta de compromiso y entrega de muchos jóvenes a las organizaciones en que ingresan, dígase Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) o la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) cabría preguntarse ¿Cuál es la causa?

Lamentablemente, en muchas oportunidades  la capacidad de estas organizaciones para generar políticas adecuadas, que estén comprometidas con los intereses de los jóvenes y sean algo más que actos o reuniones y debates, se desdibuja con el paso del tiempo y, con el paso del tiempo, los jóvenes «envejecen». No se trata de demeritar todo lo logrado por nuestra cantera del Partido ni la bella historia de la FEU. Se trata de hacer  frente con cabalidad a este asunto y hablar de una vez, en el lenguaje de los jóvenes.

No quedarse sentado en burós y oficinas y salir y ver al joven desempleado, al cuentapropista, al estudiante, al campesino y escucharlos. La historia, ha demostrado una y otra vez que las mayores revoluciones y los mejores cambios ocurridos en nuestro país, han nacido en el seno de un grupo de jóvenes.

 En ellos, en su voluntad, recae la responsabilidad de escribir el futuro de nuestro país. Cuales sean sus decisiones, en busca de ese fin, serán las correctas. Un argumento más que sólido, que demuestra que nuestra juventud, no está perdida.

Por: Ramón Matos Méndez.

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