La juventud, tesoro divino que hace mucho por Cuba

Santiago de Cuba, 17 de mar. – Por estos días en Cuba se habla mucho de la juventud, de esa que lo mismo está en tareas de choque en la producción de una industria, una fábrica o en la tierra para aportar alimentos, y también en las aulas, preparándose para ser útil a la nación en el futuro.

Ideales de sobra llevan en la mente y en el corazón para obrar en bien de su país; en los próceres por la independencia de la Patria tienen sus principales paradigmas y un arsenal invaluable para erguirse, amén de escollos y dificultades, trabajar, contribuir, calificarse, en pos de ser protagonistas activos de la sociedad, mejores patriotas y mejores seres humanos.

Uno de esos modelos que más identifica a la juventud es Julio Antonio Mella, simiente y ejemplo del antimperialismo que corre por las venas de los cubanos, quienes por 58 años viven con un criminal bloqueo impuesto por los Estados Unidos, el principal obstáculo para el desarrollo y que se acrecienta cada día con nuevas y crueles medidas de carácter injerencistas.

“Mella es ahora un símbolo de la lucha revolucionaria contra el imperialismo y contra sus agentes, y su nombre es una bandera”, dijo Tina Modotti, en un homenaje en la Ciudad de México, el 10 de febrero de 1929, a un año del asesinato del luchador. Ella iba del brazo de él cuando fue baleado por la espalda, reseña la periodista Alina Perera Robbio en un trabajo publicado en Juventud Rebelde.

De Mella igualmente heredaron ese pensamiento de que todo tiempo futuro tiene que ser mejor; de Mella aprendieron que se puede ser alegres, sensibles, apasionados, enamorados de la vida y del amor, y también profundos, participantes en la vanguardia de las transformaciones de un país que les pertenece y  que siempre espera que estén en la primera fila de la batalla y el deber.

Por eso como continuadores de la obra que sus antecesores le entregaron de pie los jóvenes de hoy llevan el entusiasmo en la sangre y cuentan con la energía necesaria para seguir defendiendo los ideales y la justicia, y empujando el país en el interés de hacer una Cuba mejor con todos y para el bien de todos.

Así se pone de manifiesto por estos días en que se desarrollan las asambleas con vistas al XI Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y se comprometen a salir de sus formalismos e inventar sus propios proyectos con el propósito de tener una contribución más eficaz en la sociedad que edificamos.

Es que los jóvenes sueñan con hacer cosas buenas,pero con los pies en la tierra, sobre todo en sus propios barrios, de tal manera surgen iniciativas aquí y allá para solucionar, por ejemplo, la eliminación de vertederos en la comunidad ante el deterioro higiénico y patrimonial, que no los deja indiferentes.

En ese mismo sentido organizan actividades patrióticas, recreativas y acciones de impacto social, o renacen talleres de valores en los barrios y escuelas demanos de jóvenes maestros y profesores, con el saludable objetivode aportar más efectivamente a la forja de las nuevas generaciones, más integrales y comprometidas con su Patria y su tiempo.

 “Tenemos que ser siempre un organismo vivo, que tenga diversidad, se transforme, aporte, que tenga una mezcla entre la inconformidad y el compromiso”, ha subrayado Susely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC.

Quién podría dudar que la juventud de estos tiempos es un tesoro divino, no para lucir ni lucrar, sino para hacer crecer la riqueza material y espiritual de una nación, de la cual constituyenunsostén seguro.

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