La mujer, decisiva en la Revolución

Santiago de Cuba, 11 de nov.- Muchas mujeres han debido vivir, luchar, flaquear y vencer para que las de hoy continúen  escribiendo esa difícil  historia de construirse camino propio.

Inscritos están sus nombres en esa leyenda de heroísmo y rebeldía,  tejida antes, durante y después del triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, hace casi 60 años.

Para honrar a cada una también se fundó por convicción de Fidel la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) porque ellas pusieron la primera piedra con su protagonismo en la forja de la Patria libre.

Para exaltar su grandeza en el proceso revolucionario cubano bastaría mencionar a la patriota Mariana Grajales, madre de la estoica prole de los Maceo; o Ana Betancourt, quien se anticipó a la época alzando su voz para proclamar y salvaguardar los derechos de la mujer.

Otras tantas podrían  sintetizar  sus aportes en todos los tiempos y las historias anónimas todavía de aquellos días de combate silencioso o frente a frente del enemigo: Haydée Santamaría, Melba Hernández, Celia Sánchez, Vilma Espín, Asela de los Santos, Gloria Cuadras…

 Desde el Moncada y la Sierra Maestra, Fidel avizoró su valía. Ahí está el ejemplo de Melba y Haydée en la gesta del 26 de Julio; el de Celia, la primera guerrillera; del pelotón Mariana Grajales, que peleó en los tiempos de la guerra, y Lidia y Clodomira, eficaces mensajeras en la insurrección.

Igual hizo el líder clandestino, Frank País, quien les confió peligrosas misiones y les prodigó el cariño de hermanas; algunas con responsabilidades en el Movimiento 26 de Julio como la veterana luchadora Haydée Santamaría, y Vilma Espín con un aval conquistado en la pelea frontal contra el tirano Fulgencio Batista.

Rostros femeninos subieron a la Sierra a integrar el Ejército Rebelde, donde cumplieron faenas increíbles; cosieron para el estreno los uniformes verde olivo en el sigilo de la madrugada; resguardaron a los perseguidos en armarios, bajo la cama y en los sitios más inverosímiles, abriendo de par en par las casas y los corazones.

Su generosidad y valor tuvo reconocimiento, al servir de estímulo a los compañeros de armas, quienes se crecían ante los contratiempos al comprobar la actitud de ellas, cual herederas de Mariana Grajales.

Otras, heroínas del presente, nos recuerdan desde lo más hondo del sentimiento aquella célebre frase del escritor argentino Lucio V. Mansilla… “hay héroes porque hay mujeres”.

 Tantas, cuyos nombres no alcanzan este espacio, hacen a diario desde su anónima actuación, siguen levantando a fuerza de coraje, intuición, energía y sacrificios personales esta obra que no sería completa sin su sonrisa.

“Esos ejemplos han sido el legado más imperecedero para las mujeres de hoy, que lo han tomado como bandera para conquistar derechos y espacios; exigir un puesto en el trabajo;  ocupar responsabilidades en sectores estratégicos, y servir con desinterés a otros pueblos hermanos”, piensa la joven jurista Celia Araujo.

 “Las de estos tiempos difíciles pero edificantes son la mejor herencia de la Federación de Mujeres Cubanas en su fructífero quehacer, con probada lealtad, especialmente a su creador y guía Fidel Castro”, añade Araujo.

Para la secretaria general de la FMC en la provincia de Santiago de Cuba, Yuleidis Vega Blanco, es un orgullo dedicar buena parte de su existencia a una organización que seguirá siendo una fuerza poderosa al servicio de la Revolución.

Confiesa que la motiva a trabajar cada día con mayor consagración junto a su equipo, el hecho de marchar tras las huellas de la más insigne federada, Vilma Espín, la Heroína que constituye paradigma en la forja de virtudes en las nuevas generaciones.

 Para estar a su altura no escatima tiempo ni energías, afianza el sentido de pertenencia, perfecciona la política de cuadros con la selección de mujeres abnegadas y comprometidas, prepara a las jóvenes y reconoce a las fundadoras.

“Esa vocación de ser útil, estar en la primera trinchera del deber, de dar el primer paso para cumplir tareas,  sin olvidar la condición de madres, esposas e hijas en la formación del relevo, la aprendimos de Vilma, la eterna presidenta de la FMC hasta el último aliento.

“Nuestra organización tiene el mérito de atesorar la madurez de los años y la vitalidad del primer día, y lo evidencia el hecho de que seguimos trabajando con ahínco, conquistando espacios, asumiendo misiones y, sobre todo, comprometidas con el futuro”, destaca Yuleidis Vega Blanco.

Por: Aída Quintero Dip .

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