La mujer ocupa un sitio de vanguardia en la Revolución

Santiago de Cuba, 23 de dic. – Los nombres de muchas cubanas sencillas e inspiradoras están inscritos en esa leyenda de heroísmo y rebeldía únicos  construida a base de puro coraje antes, durante y después del triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959.

Para exaltar su grandeza en el proceso revolucionario cubano bastaría mencionar a la patriota Mariana Grajales, madre de la estoica prole de los Maceo; o Ana Betancourt, quien se anticipó a la época alzando su voz para proclamar y salvaguardar los derechos de la mujer.

Muchas mujeres han debido vivir, luchar, trabajar, flaquear y vencer para que las de hoy continúen  escribiendo esa difícil  historia de erigirse camino propio, a más de 150 años del inicio de la lucha por la independencia de la Patria y  a 61 años de la victoria de enero de 1959.

Para honrar a cada una y darle nuevas herramientas para el combate por la vida también se fundó por convicción delComandante en Jefe Fidel Castro la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) porque ellas pusieron la primera piedra con su protagonismo en la forja de la Patria libre.

Otras tantas historias de mujeres podrían  sintetizar  su hidalguía en todos los tiempos y la de aquellos días de combate silencioso o frente a frente del enemigo: Haydée Santamaría, Melba Hernández, Celia Sánchez, Vilma Espín, Asela de los Santos, Gloria Cuadras…

Desde el Moncada y la Sierra Maestra, Fidel avizoró la valía de su contribución. Ahí está el ejemplo de Melba y Haydée en la gesta del 26 de Julio; el de Celia, la primera guerrillera; del pelotón Mariana Grajales, que peleó en los tiempos de la guerra; y Lidia y Clodomira, eficaces mensajeras en la insurrección.

Similar actitud tuvo el líder clandestino, Frank País, quien les confió arriesgadas misiones y les prodigó el cariño de hermanas; algunas con responsabilidades en el Movimiento 26 de Julio como la veterana luchadora Haydée Santamaría, y Vilma Espín con un aval conquistado en la pelea frontal contra el tirano Fulgencio Batista.

Rostros femeninos subieron a la Sierra a engrosar las filas del Ejército Rebelde, donde cumplieron faenas increíbles; pero antes cosieron para el estreno los uniformes verde olivo en el sigilo de la madrugada; resguardaron a los perseguidos en armarios, bajo la cama y en los sitios más inverosímiles, abriendo de par en par las casas y los corazones.

Su generosidad y valor tuvo reconocimiento, al servir de estímulo a los compañeros de armas, quienes se crecían ante la adversidad al comprobar la actitud de ellas, cual herederas de Mariana Grajales y de tantas patriotas que les antecedieron en el combate por la libertad.

Tantas, cuyos nombres no alcanzan este espacio y tiempo, hacen a diario desde su anónima actuación,  siguen levantando a fuerza de coraje, intuición, energía y sacrificios personales esta obra que no sería completa sin su sonrisa.

“Esos ejemplos han sido el legado más imperecedero para las mujeres de hoy, que lo han tomado como bandera para conquistar derechos y espacios; exigir un puesto en el trabajo;  ocupar responsabilidades en sectores estratégicos, y servir con desinterés a otros pueblos hermanos”, piensa la joven jurista Celia Araujo.

 “Las de estos tiempos difíciles pero edificantes son la inspiración y la mejor herencia de la Federación de Mujeres Cubanas en su fructífero quehacer, con probada lealtad, especialmente a su creador y guía Fidel Castro”, añade Araujo.

Para la secretaria general de la FMC en el municipio de Santiago de Cuba, Sunilda Montes de Oca Tito, es un orgullo dedicar buena parte de su existencia a una organización que seguirá siendo una fuerza poderosa al servicio de la Revolución.

Confiesa que la motiva a trabajar cada día con mayor consagración junto a su equipo, el hecho de marchar tras las huellas de la más insigne federada, Vilma Espín, la Heroína que constituye paradigma en la forja de virtudes en las nuevas generaciones.

Para estar a su altura no escatima tiempo ni energías, afianza el sentido de pertenencia, perfecciona la política de cuadros con la selección de mujeres abnegadas y comprometidas, prepara a las jóvenes y reconoce a las fundadoras.

 “Esa vocación de ser útil, estar en la primera trinchera del deber, de dar el primer paso para cumplir tareas y estar a la vanguardia,  sin olvidar la condición de madres, esposas e hijas en la formación del relevo, la aprendimos de Vilma, la eterna presidenta de la FMC hasta el último aliento.

 “A 61 años del triunfo de la Revolución nos llena de orgullo seguir trabajando con ahínco, conquistando espacios, asumiendo misiones y, sobre todo, comprometidas con el futuro”, destaca Montes de Oca Tito.

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