La osadía de las mujeres en la acción del 30 de Noviembre

Santiago de Cuba, 30 de nov.- Muchas mujeres, entre ellas osadas santiagueras, han inscritos sus nombres en esa página de heroísmo y rebeldía únicos tejida en Cuba antes, durante y después del triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959.

Para hacerles justicia, permitirles conquistar sus derechos y honrarlas se fundó por convicción del Comandante en Jefe Fidel Castro y el aliento de la Heroína Vilma Espín, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) porque ellas pusieron la primera piedra con su protagonismo en la forja de la Patria libre y soberana.

Y para enaltecer su grandeza en el proceso revolucionario cubano bastaría aludir a la mambisa Mariana Grajales, madre de la estoica familia de los Maceo; o Ana Betancourt, quien se anticipó a la época alzando su voz para proclamar y defender los derechos de la mujer.

Otras tantas podrían sintetizar el coraje que las identificó en todos los tiempos y las historias anónimas aún de aquellos días de combate silencioso o frente a frente del enemigo como Haydée Santamaría, Melba las Hernández, Celia Sánchez, Vilma Espín, Asela de los Santos, Gloria Cuadras…

Valerosas cubanas participaron en el levantamiento armado del 30 de noviembre de 1956 en la ciudad de Santiago de Cuba; unas noveles y otras fogueadas en la lucha clandestina hicieron historia durante y después de esa osada acción, en el mismo instante en que el yate Granma navegaba hacia el futuro con su apreciable carga de revolucionarios y Fidel al frente.

Femeninos rostros sin restricción de edad o razas cosieron para el estreno los uniformes verde olivo en el sigilo de la madrugada; a los perseguidos ampararon en armarios, bajo las camas y en los sitios más sorprendentes, ofreciéndoles abrigo; listas estuvieron en los botiquines para curar a los heridos en caso necesario.

Hijas de esta heroica ciudad y otras que se ganaron ese derecho guardaron en los senos y bajo las faldas mensajes sobre peligrosas misiones, con entereza y sin perder la ternura ni la sonrisa, en esos días en que el atroz enemigo no tenía tregua ni hacía distinción de si tenía delante un combatiente con faldas o con pantalones.

Fue tanto su osadía, entrega y nobleza en el cumplimiento del deber que cada grupo clandestino ponderó la valentía que mostraban, y se enorgullecía de tenerlas en las células comocombatiente, independientemente de que los más recelosos tuvieron al principio alguna duda de su efectividad.

Sin embargo el avezado jefe clandestino,Frank País, avizoró desde el primer momento la trascendencia de sus aportes, las aceptó en rol de combatientes, les prodigó el cariño de hermanas y les dio la oportunidad de ser partícipes de la lucha en pos de la libertad de la Patria, incluso con la asignación de riesgosas misiones.

Algunas tuvieron responsabilidades en el Movimiento 26 de Julio como la moncadista, fogueada veterana en la lucha, Haydée, y Vilma con un aval ganado en la pelea; y otras propagandistas valiosas como la bravasantiaguera Gloria Cuadras.

“Esos ejemplos han sido el legado más perdurable para las mujeres de estos tiempos, que lo han tomado como estímulo para conquistar derechos y espacios; exigir un puesto en el trabajo; ocupar responsabilidades en sectores estratégicos, y servir con desinterés a otros pueblos hermanos”, piensa la joven jurista Celia Araujo.

“Y en momentos difíciles como los que vivimosahora, con la agresividad del imperio y el recrudecimiento del ilegal bloqueo de los EstadosUnidos contra Cuba, son la inspiración y la mejor herencia de la FMC en su quehacer, con probada lealtad, especialmente a su creador y guía Fidel”, subraya Araujo.

“Esa vocación de ser útil, estar en la primera trinchera, de dar el primer paso para cumplir tareas, sin olvidar la condición de madres, esposas e hijas en la formación del relevo, la aprendimos de nuestra eterna presidenta Vilma, considera Sunilda Montes de Oca, secretaria general de la FMC en el municipio de Santiago de Cuba.

Las mujeres, y especialmente las santiagueras, continúan construyendo a diario desde abnegada actuación, siguen levantando a fuerza de coraje, intuición, energía y sacrificios personales esta obra que no sería completa sin su sonrisa y su aliento porque constituyen una poderosa fuerza al servicio de la Revolución.

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