La palabra Fidel

Santiago de Cuba, 25 de nov.- Es palabrahumilde, de solo cinco letras. Su dueño tenía el don de la palabra y lo ejercía con una limpieza atroz.Pronunciaba discursos enormes no por su duración impredecible sino por su contenido. A veces era mesurado en sus decires, otras arremetía, atacaba a fondo o hacia ambas cosas al unísono. Enunciaba una idea, desandaba por otras, volvíaa la génesis y remataba como buen deportista ante la meta. Así era.

Estaba hecho de palabras. Cuando quedó en silencio, hace tres años, todo un pueblo le rindió pleitesía: un país entero se puso las manos en el corazón. Hayquienes lo hacen todos los días, en los avances y los tropiezos. Otros lo hacemos en silencio para no estropear la grandeza con expresionesineficaces. En un mudo vergonzoso, donde predominan las palabras manipuladas como hipocresía o simulación, hay que defender una palabra de solo cinco letras: Fidel.

No podemos engañarnos y seducir a los otros, a quienes tanto apreciamos, hay que decirle su palabra, no engatusarlos con frases anodinas, rimbombantes o superfluas, él no lo merece. Cuando hablamos de Fidel hay que ser cuidadosos, buscar el vocablo exacto, para continuar haciendo una Revolución de su estatura. Yen este hacer las palabras no solo cuentan, deciden.

Hubo un día. Siempre hay un día, pero aquel fue tremendo. Fidel Castro, el LíderHistórico de la Revolución Cubana y el Comandante Juan Almeida, se bajaron de un jeepverde olivo, en la Universidad de Oriente, frente a la cafetería. Venían solos. Preguntaron. Alguien señaló con la mano hacia donde estaban las facultades. Enderezaron rumbo a la de Arquitectura. Corrimos tras ellos y nos enteramos que cinco estudiantes manifestaban criterios sobre el modo como se dirigía la Revolución, y su jefe vino a responder. Disipó las dudas con argumentos amables y categóricos. No entiendo por qué no se rememora aquel encuentro.

Cuando los expedicionarios del Granma desembarcaron tuvieron una jornada aciaga en Alegría de Pio. El enemigolos sorprendió y se entabló un combate desigual. Juan Almeida, ante un conato de rendición dijo una palabra que no tengo que repetir porque es bien sabida. Esa palabra de Almeida, quien dejó de existir hace una década, hay que reverenciarla no solo porque la tenemos en el cuerpo, hay que tenerla en el alma. La explicación es sencilla: somos santiagueros.

Propongo hurgar en las palabras y responsabilizarnos con ellas. Y si no nos sirven asearlas, lavarlas y si es preciso plancharlas, hasta obligarlas a decir lo que queremos. Y en esa búsquedasiempre habrá una palabra simple, humilde y nuestra, esa es la palabra Fidel; no se la podemos dejar al enemigo. Si quieren dialogar, estamos prestos, podemos hacerlo con todo respeto. Aunqueprobablemente si se deciden ya no serían los mismos, ni nosotros tampoco.

Hay quienes recuerdan al líder por sus hazañas, están los querememoran sus discursos vibrantes, sus libros o quienesexaltan sus actitudes. Entre los muchos estamos los que no tuvimos la oportunidad de estrechar su mano, pero lo recordamos igual. Un maldía, en la madrugada, cuando iba para la oficina de Prensa latina, un vecino me dio la noticia. Después vino el homenaje de todo un pueblo, y tanta gente no se pueden equivocar al mismo tiempo.

Perdimos un pedazo de lo nuestro. Aquel día no pude escribir y si lo hago ahora, tres añosdespués, es porque no puedo dejar de hacerlo. Las testarudas emociones mandan y uno obedece, en este caso por fidelidad a una página que nos permite decir palabras como estas que sabemos son de muchos, de los agradecidos de los cuales habla el poeta.

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