La parte positiva de una ley desquiciada

Santiago de Cuba, 14 de jun. – Por favor, no incluirme en la fauna de locos aparentes que  patrocinan la aplicación del  título III y de ningún otro capítulo de  la Ley Helms-Burton, calificada con justeza  como un engendro jurídico y  que ha recibido un repudio contundente de la comunidad internacional, cuyos miembros raras veces se ponen de acuerdo. Entonces: ¿tiene sentido hablar de la parte provechosa de la citada ley? Pues sí, lo tiene.

Los medios de comunicación cubanos han insistido sobre el rechazo  provocado por la dichosa ley en Cuba y el extranjero. La mayoría de las personas que opinan insisten en el asunto de la propiedad y se preguntan qué lógica tiene a estas alturas reclamar lugares que fueron nacionalizados acorde con las normas internacionales y que varios países aceptaron, excepto los EstadosUnidos, porque creyeron que la Revolución era perecedera.

Recientemente, el 29 de mayo, escuché un programa que siempre recomiendo: “Hablado Claro”, de Radio Rebelde y confirmé que la  ley Helms–Burton va   más allá del reclamo  de propiedades. La reconocida periodista Alina Perera lo dijo alto y claro: subestiman nuestra capacidad de resistencia, simplemente nos quieren barrer y Heriberto Rosabal resumió el asunto en una frase: el enfrentamiento a esta ley es nuestro Girón de hoy; es la oportunidad parapropinarle una nueva derrota a  un  imperio que no aprende.

Y ahí está la parte positiva de la Helms-Burton. El gobierno norteamericano tiene vocación por las sanciones y ese espíritu sancionador de quienes se han auto designado policías mundiales, a largo plazo favorece a los sancionados que acuden a sus reservas endógenas o buscan nuevos socios comericales. De suerte que las sancionesalertan y  obligan a andarpor los caminos del buen hacer.

El Presidente cubano Miguel Diaz-Canel Bermúdez es enfático al subrayar la necesidad de hacer bien las cosas, de sustituir importaciones, de dinamizar la inversión extranjera, de eliminar el burocratismo, de potenciar las empresa estatal y los nuevos actores económicos, de cultivar la cultura del detalle, de trabajar con sinergia y proactividad. Ahí está la respuesta a los ilusos que nos quieren volver a avasallar.

Los norteamericanos – o para ser justos, su gobierno- deberían repensar un viejo eslogan que ellos mismos crearon y sustituirlo por uno que rezara más o menos: “Lo que es bueno para Estados Unidos no es bueno para casi nadie”; deberían llenarse de valor y asumir la realidad. Si el señor Trump, a diferencia de presidentes anteriores tan belicosos como él,  decidió aprobar el título III de la Ley Helms-Burton, cuyo espíritu demencial no podría tener otra reacción internacional que la que ha tenido, eso es una pruebade decadencia.

La decadencia del Imperio es evidente: el Imperio se desmorona. Basta solo con mencionar dos títulos de sendos artículos publicados en Cuba este año, cuyos autores son reconocidos especialistas en temas políticos: “La decadencia de Estadios Unidos”, (periódico Granma, 24 de febrero) y “Estados Unidos, una potencia con pies de barro”, de Mauricio Colussi  (Orbe, 24 de marzo). Pero no basta con la certeza de  que la Helms-Burton es inaplicable en Cuba, hay que andar con tino: más allá del tema de la propiedad, la intención es aniquilar a toda una nación.

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