La prensa en Cuba al servicio de nobles causas

Santiago de Cuba, 27 de dic. – La prensa invariablemente ha desempeñado un papel decisivo al servicio de las causas más justas y nobles en la Cuba en combate sin cuartel por la independencia de la Patria, y uno de los ejemplos más reconocidos es El Cubano Libre.

Fundado por Carlos Manuel de Céspedes en Oriente, a los pocos días de iniciada la Guerra de los Diez Años, y reaparecido por Antonio Maceo, bajo la dirección del comandante Mariano Corona Ferrer, en la Guerra del 95, este órgano se convirtió en uno de los más leales combatientes, en una artillería pesada de la Revolución.

Días antes del alzamiento del 10 de octubre de 1868, se tomó la decisión  por el Padre de la Patria de publicar un periódico que fuera portavoz del programa revolucionario, el cual nació el 17 de octubre.

Se trató de una prensa comprometida con el carácter democrático burgués de la revolución que la cobijó y de  fuerte inspiración iluminista, no exenta de expresar los contrapunteos entre la franja civilista representada por Ignacio Agramonte y la defensa del mando único de Céspedes, apunta en una investigación el joven periodista Ernesto Izquierdo Sánchez.

El poeta y periodista José Joaquín Palma resultó su primer director y desde sus mismos inicios ese órgano evidenció ser un símbolo de la intransigencia y la combatividad revolucionarias, que cumplió, además, otras misiones necesaria para el desarrollo de la guerra.

Más de una veintena de periódicos ven la luz de forma intermitente durante la Guerra de los Diez Años, configurando una prensa mambisa o también llamada prensa en la manigua, básicamente enfocada a consolidar y unir a las fuerzas independentistas.

Desde las columnas de este periódico se ofreció información veraz sobre las acciones de guerra, los éxitos y reveses del Ejército Libertador y se habló sobre la futura organización con base en las ideas de José Martí.

Llamar a los indecisos a la lucha, mantener el optimismo y la fe de los combatientes en la manigua, e informar a la emigración, que contribuía con sus recursos financieros a la preparación de expediciones y envío de armas, sobre la marcha de la guerra por la independencia de la patria estuvieron, igualmente, entre las políticas informativas desarrolladas en esa etapa por El Cubano Libre.

Maceo lo definió como un cuerpo de ejército compuesto por 12 columnas, equivalente para él a un  refuerzo de 500 hombres, que se batía diariamente y bien  por la causa de Cuba, mientras que en otra ocasión lo caracterizó como una pieza de artillería, también apunta en su trabajo el periodista Izquierdo Sánchez.

Más cercano en el tiempo tenemos el ejemplo de Rubén Martínez Villena, a quien su multiplicidad de talento y el imperativo de alzar su poderosa voz de patriota, a favor de la nación cubana, lo convirtieron en un profesional de la pluma.

En la labor periodística de quien llegó a ser  un intelectual de gran prestigio, está  la esencia, no solo de su estro lírico y ensayos literarios, sino de la evolución de su pensamiento político, puesto al servicio  de las mejores causas en la prensa revolucionaria.

Este devenir comienza con la publicación de los  primeros artículos de tipo político acreditados en el periódico Heraldo de Cuba (marzo, 1923) y en El Universal (octubre, 1923), cuando el joven recién graduado de abogado se encuentra inmerso en la llamada Campaña por la regeneración de Cuba, más conocida en la historia  como Movimiento de Veteranos y Patriotas, desde el cual redactó muchos de los boletines aparecidos en aquella época, en la prensa nacional.

Sus escritos fueron exponentes de una rebeldía innata contra la injusticia  y una crítica acerba contra los gobernantes de turno.

Los trabajos de Martínez Villena en la revista  Venezuela-Libre-fundada y dirigida por él con un matiz francamente antiimperialista- ponen de manifiesto a un periodista de prosa ágil, dinámica y selecta y marcan un hito de ascenso  que  refleja la madurez del intelectual revolucionario.

Constituyen un legado sus últimos artículos, escritos bajo la indignación debido a la masacre cometida por el gobierno  de Ramón Grau San Martín contra la masa de pueblo,  el 29 de septiembre de 1933, en la ceremonia de depósito de las cenizas de otro destacado  revolucionario cubano, Julio Antonio Mella, su entrañable amigo y guía político, que había sido asesinado en México, el 10 de enero de 1929.

El periodismo le sirvió de arma de combate y modo expresivo a este  poeta que comprendió el valor de la prensa y la necesidad de utilizarla como vehículo de agitación  y propaganda. Tan así lo concibió, que en los últimos meses de su azarosa vida de  revolucionario señaló: “Un Partido sin un órgano de opinión es igual a un hombre sin lengua”.

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