La solidaridad no puede ser coyuntural

Santiago de Cuba, 18 de feb. – El espíritu de solidaridad que distingue a los hombres y mujeres en cualquier pedacito del archipiélago cubano, manifestado también en lejanas geografías, es uno de los principales atributos que identifica a los nacidos en esta tierra y que les ha permitido sortear no pocos escollos.

Puede afirmarse categóricamente que ese gesto desprendido y generoso de nuestro pueblo ha florecido en estos tiempos, cuando la agresividad y carácter injerencista del gobierno de los Estados Unidos se ha ensañado contra la isla,  sobre todo con el recrudecimiento del criminal bloque económico, financiero y comercial.

Ese espíritu de cooperación, demostrativo de la unidad nacional que tiene particular significación en la historia de Cuba, se ha puesto de relieve en la ayuda desinteresada y oportuna a las personas más vulnerables y hacia quienes más lo necesitan.

Uno de los ejemplos más notorios en tal sentido es la transportación en vehículos estatales desde que el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez conmoviera las fibras más sensibles del alma de los choferes, con el fin de ser más solidarios en los puntos de embarque de pasajeros, luego de la compleja situación energética del país para de esta forma aliviar la transportación pública.

Ciertamente tras cuatro meses de esa convocatoria muchas vicisitudes han ayudado a resolver con la recogida en las paradas de miles de personas, quienes de esa forma han podido llegar a tiempo a sus centros laborales y de estudio o para realizar cualquier otra gestión.

Esa actitud ha evitado también que muchos vehículos dejaran de circular vacíos,  al detenerse a recoger a los necesitados; una situación muy criticada por la población ya que dista mucho de ese espíritu que caracteriza a los cubanos de tratar de hacer siempre el bien y ayudar al prójimo.

Pero este gesto que tan altamente se valora por quienes lo practican no debe ser excepcionalidad, ejercicio de unos pocos y evidente únicamente ante situaciones complejas, sino debe convertirse en regla, pues la solidaridad ha reiterado Díaz-Canel no puede ser coyuntural.

Ejercerla cotidianamente -y enaltecerla por qué no- es lo que corresponde a un pueblo con una rica historia en ese particular, expresada desde los días iniciales de la gesta por la independencia del país y hasta en las misiones internacionalistas que han cumplido hombres y mujeres en esferas diversas como la educación y la salud, por mencionar dos ramas muy sensibles, con derroche de altruismo que nos enorgullecen a todos.  

La solidaridad no es una meta, no es el índice que debe cumplirse como parte de un plan, no cabe en emulaciones; es el dictado del corazón, es esa linda lección que debe ofrecerse cada día para lograr mayor crecimiento humano y la prosperidad de todos, porque es el mejor cimento del mejor país que queremos y nos merecemos.

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