La tecnología del mulo

Santiago de Cuba,  19 de abr. – Usted camina por Santiago de Cuba y observa por doquier carretones tirados por caballos y en algunos casos coches de pasajeros halados por mulos. Pero el protagonismo del mulo se asocia con las montañas. Ahora que tanto hablamos de las nuevas tecnologías, deberíamos reparar en una que no es ni nueva, ni vieja, sino eterna: la tecnología del mulo.

El mulo es un liado básico del Plan Turquino, un programa nacional diseñado para elevar la calidad de vida de los montañeses, en el cual el Estado aporta los recursos materiales y estimula la participación de los campesinos en la solución de sus propios problemas. Al mismo tiempo el Plan Turquino constituye un bastión para la defensa del país y en Santiago de Cuba es clave porque el 70 por  ciento de su territorio es montañoso.

Si usted atraviesa los cafetales franceses, sitio declarado Patrimonio de la Humanidad y toma unos de los caminos aledaños, puede andar kilómetros sin ver un ser humano y si ve alguno, lo más probable es que vaya montado sobre un mulo, el único animal en que se puede cabalgar con confianza  por estos parajes.

Casi siempre, cuando se compara con el caballo, el mulo resulta  relegado; hay caballos mitificados por la historia, aristocráticos, famosos; todos reconocen la utilidad de poseer un corcel ya sea en la ciudad o en el campo, para el trabajo o para el ocio. El mulo es más humilde, pero igual de útil y, en las montañas  del oriente cubano, es un animal muy necesario.

A pesar de su nobleza las expresiones populares para caracterizarlo son contradictorias y suelen extenderse a las personas;  así, ser un mulo puede significar ser fuerte y laborioso o ser testarudo y necio o tener vocación para la indiferencia y capacidad para aguantar situaciones adversas sin inmutarse.

Hubo un momento, en los años 90, que la población mular decreció. Hoy la situación es otra. La provincia es la principal productora de café del país, tanto para la exportación como para el consumo interno del país. El mulo resulta  imprescindible  para el trasporte de carga y de personas,  para bajar hacia el llano las producciones de las montañas y subir hacia ellas los productos del llano; siempre fue así, aún en los momentos de mayor auge económico.

Varios entrevistados explican las razones de la disminución de la masa mular y coinciden que el elemento clave  es la atención al paso inicial del proceso reproductivo del mulo, un animal que demora alrededor de un año en nacer, pero tiene una vida útil cercana a los 30 años y destacan la complejidad del proceso de reproducción de este animal que es un híbrido – fruto del cruce de una yegua con un burro.

Omar Suárez, director de la empresa pecuaria del municipio II Frente, enumera las ventajas del mulo pequeño de Seboruco respecto al grande criado en otros patios; el  pequeño camina  por cualquier  trillo, es más fuerte, más hábil para detectar el peligro y se le puede colocar la carga fácilmente;  este tipo de mulo, asevera, es  fundamental para garantizar la cosecha cafetalera.

Cubrir de asfalto todos los caminos de las montañas es una ilusión, no solo  porque en las condiciones actuales  resulta impensable intentarlo, sino porque aún hoy, en la época de los grandes avances tecnológicos, para los montañeses orientales el mulo es una tecnología de siempre,  una tecnología de punta sin la cual es imposible recuperar la producción cafetalera. Y no implica solo  al café, abarca un  número sustantivo de producciones en cuyo traslado el mulo es el transporte vital, el más seguro y económico.

Para que el café llegue a  despulpadoras y  secaderos, para  que las afamadas frutas tropicales de las montañas surorientales lleguen al mundo, es imprescindible  mejorar  la transportación o lo que es lo mismo, producir más mulos. La lección es obvia: si quieres tomar café hay que criar mulos.

Los mulos suelen agruparse, trabajan en equipo y prefieren laborar en silencio, pero los cencerros, colgados en sus cuellos, los delatan; ojalá cuando volvamos a las serranías oigamos nuevos toques de cencerros, esos  toques   indican la presencia del arria de mulos, la presencia de la vida en la montaña.

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