La trova y su inspiradora guitarra

Foto tomada de Blog Santiago en Mí

Santiago de Cuba, 8 de nov.-  Santiago de Cuba tal parece que existe para exaltar la música en todo su magnificencia pero, especialmente, aquella que hace honor a sus ancestros, la de raíz más genuina, al ser cuna de sobresalientes cultores de la vieja y la nueva trova.

Al afirmarse que es una tierra providencial razones no faltan porque tan rica e incomparable como su historia es su cultura; tan alegre y rítmica como su música, es la ciudad; tan rebelde y hospitalaria como sus calles son las personas que la  llenan de tradiciones y de luz.

Y es que Santiago es como un Son de la loma para cantar en el llano del célebre Miguel Matamoros, para que vibren los vitrales, las tejas de las casas, los pies de los bailadores y los corazones de su gente.

Hay que reverenciar al poeta Waldo Leyva y convenir en la legitimidad y razón que le asiste al aseverar  en “Una definición de la ciudad”, que si las puertas no están abiertas a la guitarra puedes decir que Santiago no existe.

Tierra de música, poesía y leyenda, puede calificarse a la cuna de la trova y de sus legítimos representantes: Sindo Garay, Miguel Matamoros,  Pepe Sánchez, Ñico Saquito, Virgilio Palais, Compay Segundo,  Alejandro Almenares,  Aracelis Romero (Chely), Ramón Márquez, Eliades Ochoa y Pablo Armiñán.

Localidad natal es asimismo de seguidores del género de la altura de Augusto Blanca, José Aquiles, René Urquijo, Gladys del Monte y otros que van dejando una huella en su quehacer como expresión fehaciente de que la trova no ha muerto ni morirá.

Espacio de confluencias de mitos, leyendas y realidades, en la urbe palpita la vida, como enunciara el profesor catalán Don Francisco Prat Puig: “Es donde la trova exhala su amorosa y lánguida canción acompañada de moriscas guitarras, en el ambiente morisco de nuestra arquitectura”.

La oriental ciudad es una plaza de raigambre en la cultura  gracias a su exquisito acervo, reconocido en Cuba y fuera de fronteras, el que ha trascendido, sobre todo, después del triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959,  por su calidad, hondura y alcance popular.

En ese panorama la trova ocupa un sitio privilegiado, bien cerca del  corazón del santiaguero, porque esa vertiente musical le viene de la época de los abuelos y como un semillero eterno la han sembrado en este espacio vital para que la tradición siga viva.

De las manos de consagrados, los noveles la toman con la misma autenticidad y el mismo afán de los indiscutibles maestros, y con almas de orfebres se las ingenian para hacerla perdurar en el tiempo.

 La potestad de la urbe suroriental en este campo y, sobre todo, su quehacer la acreditan como anfitriona permanente del Festival de la Trova Pepe Sánchez, que en cada edición aglutina a noveles y consagrados cultores de esa expresión de legítima raíz nacional y en honor  a quien es considerado el padre de la canción trovadoresca en el país.

  Esa manifestación  resulta -en esencia- un reflejo de la idiosincrasia del pueblo al que va reservada y que la crea; es inspiradora como su propia gente que la hace perdurar cuando es buena, y la olvida muy pronto, cuando carece de esa fuerza que le imprime vitalidad al paso del tiempo.

Referirse a la trova es ahondar en los elementos más emblemáticos que realzan a Santiago de Cuba, donde al decir de muchos, incluso entendidos en la materia, a pesar de influencias foráneas, se conserva intacto el estilo y maravilla de este género.

Una contribución cardinal también tiene la Casa de la Trova, primera institución de su tipo en Cuba y cantera de los más valiosos defensores del género, referente internacional para los amantes de la sonoridad cubana en su vertiente tradicional, que nació el 28 de julio de 1968 en la calle Heredia, en el Casco Histórico de le legendaria ciudad.

Con el inconfundible latir de la guitarra, la trova florece en su cuna en días de fiesta y celebraciones memorables como ahora, cuando aflora ese profundo sentir patrio en los santiagueros ante el advenimiento del aniversario 60 del triunfo de la Revolución.

Por: Aída Quintero Dip.

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