La Universidad de Oriente y la cultura en las montañas

Santiago de Cuba, 19 de ene. – Recientemente, en un intercambio de experiencias promovido por el departamento de Comunicación Social de la Facultad de Humanidades, platicamos sobre una tarea que en este curso cumple 30 años, acometida por la Universidad de Oriente, una actividad cuyos participantes evocamos con nostalgia; que alcanzó resultados superiores a los previstos pero, como ocurre en otras zonas de la realidad emprendemos una tarea, comenzamos bien, la reproducimos y luego, la olvidamos. Es una tendencia que se define amablemente como falta de sistematicidad. Quisimosque los alumnos de Comunicaciòn Social dialogaran con varios participantesquienes, a fines de los años 80 eran estudiantes y hoy son reconocidos profesionales.

Hace poco más de medio siglo, en la Universidad de Oriente apenas se hablaba de cultura comunitaria, pero se cultivaba. La Facultad de Humanidades decidió participar. La decana de entonces, la emprendedora Mercedes Catcarth, fue la promotora de un proyecto encauzado a sembrar cultura en las montañas de la Sierra Maestra, baluarte del triunfo de la Revolución Cubana, que acaba de celebrar el aniversario 62 de su victoria consumada aquí, en Santiago de Cuba,  el 1 de enero de 1959.

En aquellos tiempos, concluido el curso, la generalidad de los estudiantes donaba parte de sus vacaciones para participar en el llamado trabajo socialmente útil. Las actividades principales consistían en apoyar labores agrícolas en sus provincias orealizar tareas de limpieza y embellecimiento. La dirección estudiantil seleccionó un grupo de 20 alumnos de Historia del Arte, Letras y Periodismo y nos fuimos para el municipio montañoso de Guamá, a unos 70 kilómetros de Santiago de Cuba a probar la iniciativa de la decana.

Nos ubicaron en una casona de madera antigua pero bien conservada. Antes de la Revolución era propiedad de un acaudalado empresario, luego la transformaron en un museo de la universidad que exhibía especies marinas disecadas. La casa era el albergue pero los muchachos preferían dormir en las tiendas de campaña que la rodeaban. Cayo Damas, situado a unos tres kilómetros de Chivirico, la cabecera municipal, era un sitio singular no solo por su belleza natural sino porque ni hacía calor, ni había mosquitos; el rumor del mar concitaba al sueño y el ruido de las olas al despertar mañanero.

Habitualmente trabajábamos durante todo el día, regresábamos en la tarde y en la noche evaluábamos lo hecho y coordinábamos las nuevas tareas con la Dirección Municipal de Cultura. Al día siguiente salíamos temprano a cumplir las misiones. Dividíamos el grupo en pequeños subgrupos y los distribuíamos en escuelas, casas de cultura, bibliotecas, museos y hasta en los parques. Los estudiantes desarrollaban acciones muy diversas como la formación de grupos de teatro o de danza, exposiciones de pintura, tertulias, proyección de películas. Trabajábamos de conjunto con el movimiento de artistas aficionados organizado por el municipio.

Un año después armamos  la segunda expedición con nuevos miembros; a diferencia de la primera que concentró su trabajo en  el litoral, porque el viejo ómnibus que teníamos no podía oler las montañas,  atendimos las instituciones  de la vez anterior, pero privilegiamos las zonas más intrincadas: comunidades subidas en las serranías, consultorios del médico de la familia, campamentos de recogedores de café, escuelitas que tenían solo dos o tres niños; a estos sitios accedíamos en camiones, en tractores, en el trasporte secular de la región: el mulo o simplemente a pie.

En el tercer año reeditamos lo hecho en los dos anteriores y evaluamos la actividad: la generalidad de los estudiantes la consideraron positiva; los campesinos y los dirigentes del municipio la alabaron. Nos sentimos estimulados y comprometidos y diseñamos una nueva expedición. Pero las circunstancias no ayudaron: comenzaba el periodo especial de los noventa con todas las limitacioneseconómicas que ello implicaba. La aventura de sembrar cultura en las montañas notuvo nuevas ediciones aun cuando pasaron los momentos críticos y el país se recuperó. Eso más omenos dijimos y se armó la discusión.

La pregunta que hicieron varios estudiantes fue la misma. ¿Por qué? Por qué si la experiencia resultósatisfactoria para los montañeses y educativa para los estudiantes no se continúan. Explicamos que el Plan Turquino, el programa para el desarrollo integral de las montañas concibe un conjunto amplio de actividades culturales. No obstante, cundo salgamos de la covid-19 sería bueno retomar la actividad: ese fue el consenso al cual me sumo.  La sugerencia tiene una segundaopción, al revivir la tarea añadirle componente comunicativo sencillo, pero útil. Como me parece asunto de interésinvito a quienes lo deseen a opinar sobre el asunto: estaremos atentos.

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